Hace 36 años, Joaquín Montoya Gómez, un policía municipal de Palma que se enfrentó a un peligroso atracador, estuvo a punto de morir a manos del presidiario. Esta es la crónica de un apuñalamiento en el centro de la ciudad que provocó que se revisara el protocolo y que los agentes, a partir de esa fecha, llevaran un revólver del calibre 22 para poder defenderse.