COMPLICIDAD. ¡Vaya, vaya! Cuando el contralor quiere hacer ruido, lo hace a los cuatro vientos, pero cuando quiere que las cosas se queden enterradas, sella su boca. Si la Contraloría refrendó el mes pasado la demolición del monumento chino en el mirador del Canal, quiere decir que estaban toditos muy bien enterados de lo que pasaría. Pero nadie se quejó ni evitó el desastre. Fue una conspiración de silencio en el gobierno para hacer desaparecer el monumento y luego salir —como lo expresó la Cancillería, versión que después fue desmentida por la propia Presidencia— con que lo repondrán, pero —eso sí— en otro sitio. ¡Qué plan tan mediocre! Ni el coyote hizo planes tan ridículos con el correcaminos.