Las instalaciones están situadas en una zona industrial de Kiryat Gat, una localidad del sur de Israel, a unos treinta kilómetros de Gaza . En algunos lugares, el suelo está cubierto con moqueta verde. El resto es gris, del color del hormigón en bruto iluminado por luces de neón. El Centro de Coordinación Civil y Militar (CMCC), inaugurado por Estados Unidos el 17 de octubre de 2025, se asemeja a un “campus de Google de bajo presupuesto”, resumió un diplomático occidental al New York Times . Aquí se supone que se elaborará el plan de posguerra en Gaza: se piensa en la reconstrucción, el envío de ayuda humanitaria, el desarme de Hamás o incluso la constitución de una “fuerza internacional de estabilización”. Probablemente la política general se decida en otro lugar, en el Consejo de Paz dirigido por el presidente Donald Trump , pero por el momento se desconoce su composición. Por lo tanto, el CMCC es el único foro en el que pueden participar los actores internacionales implicados en Gaza, y todo el mundo quiere formar parte de él. Para los trabajadores humanitarios, es fundamental seguir negociando allí su presencia sobre el terreno y las modalidades de su acción con la población civil palestina. Para los Estados, es una garantía de poder influir eventualmente en la reconstrucción del pequeño territorio palestino. Más de veinte países , entre ellos Francia, han enviado diplomáticos y militares , y decenas de ONG participan en las conversaciones. Los primeros interesados, los palestinos, están excluidos : no se ha invitado a ningún responsable ni actor de la sociedad civil. Los israelíes no ven con buenos ojos esa presencia militar extranjera sin precedentes en su territorio, aunque se trate del padrino americano, que en realidad no pone muchas pegas. En noviembre, un informe de las reuniones del CMCC, redactado por actores humanitarios y al que Mediapart ha tenido acceso, hacía referencia a “conversaciones tensas” entre “los americanos y el Cogat”, el organismo del ejército israelí encargado de los asuntos civiles de los palestinos en los territorios ocupados. A principios de diciembre, The Guardian reveló que el comandante de la base, el teniente general estadounidense Patrick Franck, había convocado a uno de los responsables israelíes para ordenarle que dejara de grabar todas las conversaciones en la base. El ejército israelí calificó de “absurdas” las acusaciones de que recopilaba información sobre sus socios en el CMCC. En Kiryat Gat, los israelíes ocupan la primera planta y los americanos la tercera. En medio, se mezclan expertos, diplomáticos y operadores de campo internacionales. En pantallas gigantes se proyectan imágenes aéreas de Gaza, a pesar de que se encuentra a solo unas decenas de kilómetros de distancia. Fuentes informaron al New York Times que se ofrecía a los recién llegados una sesión introductoria sobre el tema “¿Qué es Hamás?”. En una de las reuniones informativas con trabajadores humanitarios, solo uno de los participantes americanos tenía conocimientos “sobre cómo funciona la ayuda humanitaria” , según un resumen informal de estas negociaciones elaborado por profesionales del sector. Uno de los militares presentes “no sabía que había 'carreteras' dentro de Gaza ni que los gazatíes tuvieran teléfonos móviles o Internet”, continúa el informe al que Mediapart ha tenido acceso. Los palestinos no solo están excluidos del CMCC, sino que también están ausentes de su imaginario. En algunos documentos se les menciona como “ usuarios finales ”. En general, el destino de Gaza está desvinculado del de Cisjordania, de acuerdo con la visión israelí de que Palestina no existe. La neolengua de las start-ups sirve para eufemizar la aniquilación de los palestinos por parte de Israel , que sigue su curso. En todas partes se habla de soluciones y eficacia sin remontarse nunca a la raíz del problema: la ocupación y la guerra genocida de Israel en Gaza. Según informa The Guardian , se ofrecen talleres sobre diferentes temas: los “miércoles del bienestar” se dedican a la reconstrucción de los hospitales y escuelas del enclave, escenario de numerosas masacres y objetivo de ataques sistemáticos por parte del ejército israelí; los “jueves de la sed” abordan el tema de las infraestructuras públicas, pulverizadas por el ejército israelí, lo que hace que la vida de los civiles de Gaza sea extremadamente precaria. El CMCC se inscribe así en la visión de la administración Trump, que retoma gran parte de los objetivos israelíes. Según dos fuentes que hablaron con el New York Times , la base se instaló en uno de los edificios de la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF), un oscuro antro apoyado por Israel y Estados Unidos , cuyo objetivo era sustituir el sistema de ayuda internacional en Gaza. A finales de agosto , la ONU contabilizó 1.857 palestinos abatidos mientras buscaban ayuda desde la creación de la GHF a finales de mayo, 1.021 de ellos en las inmediaciones de sus centros de distribución. El 24 de noviembre, la organización anunció el “éxito” de sus operaciones en Gaza. Su director ejecutivo, John Acree, se mostró confiado: según él, el CMCC iba a seguir el modelo establecido por la GHF, a pesar de las críticas generalizadas. Concluía así su comunicado , totalmente ajeno a las sangrientas consecuencias de su mandato en el enclave: “Lo que más echarán de menos nuestros equipos es la amistad y la camaradería que han desarrollado con miles de gazaíes, en particular con las mujeres y los niños a los que hemos atendido”. El modelo de la GHF está definitivamente enterrado, pero “no la idea de seleccionar a las víctimas adecuadas” ni la militarización de la ayuda y “su privatización” . Así lo asegura una fuente que participa regularmente en los trabajos en Kiryat Gat y prefiere permanecer en el anonimato para no poner en peligro su acceso. En el CMCC, soldados, diplomáticos y trabajadores humanitarios negocian, de manera marginal, la entrada de ayuda humanitaria en Gaza, el número de camiones y el material denominado “de doble uso” bloqueado por los militares israelíes porque consideran que podría utilizarse con fines militares. “A pesar de algunos éxitos menores logrados gracias a ajustes marginales, los principales problemas planteados desde el principio siguen sin resolverse” , subrayan los actores humanitarios en un informe de la reunión, señalando la lentitud de los trabajos sobre la apertura de nuevos pasos fronterizos y los “retos logísticos que el ejército americano pensaba resolver fácilmente”. La parte estadounidense se empeña en la idea de permitir la entrada de 4.200 camiones por semana, “unas cifras que no se corresponden con la realidad sobre el terreno”, constata por su parte la fuente citada anteriormente. A veces, las negociaciones dan resultado y se autoriza el paso de un producto hasta entonces prohibido. Sin embargo, la política general israelí no se cuestiona: Israel sigue estrangulando la Franja de Gaza, provocando la escasez de productos esenciales y controlando también los medios que evitarían dicha escasez. El CMCC coloca a la comunidad humanitaria y a los Estados participantes en un profundo dilema. Nadie quiere abandonar a la población de Gaza a su suerte. Pero la imagen de cientos de militares americanos hablando de gobernanza y logística desde una base aislada reaviva en muchos el recuerdo del sangriento fiasco de la ocupación americana en Irak y en Afganistán. El mandato del centro sigue siendo difuso: “En Bruselas y Nueva York, algunos piensan que solo se tratará de ayuda humanitaria, pero en realidad probablemente se tratará de ayuda militar y de un modelo de dominación extranjera ” de Estados Unidos e Israel sobre Gaza , dice una nota interna de una ONG internacional que cuestiona la legalidad del CMCC a ojos del derecho internacional. También se plantea la cuestión de si, al no haber sido invitado por el Estado de Palestina, el CMCC podría considerarse un “cobeligerante y, por lo tanto, asumir todas las obligaciones y deberes de la potencia ocupante”, continúa el texto. Los trabajadores humanitarios están especialmente preocupados por los proyectos mencionados en los trabajos sobre “comunidades alternativas seguras”, viviendas en zonas que anteriormente habían sido desalojadas de la presencia de grupos combatientes palestinos. La idea no es nueva, ya que también era sostenida por el sistema establecido por la GHF . En la práctica, la ayuda humanitaria y la seguridad probablemente serán instrumentalizadas para desplazar por la fuerza a la población civil y seleccionar a las personas consideradas inofensivas y al resto, de cuyo destino no se habla. En Kiryat Gat, sin palestinos, la política aplicada sirve, por tanto, a los intereses de la potencia ocupante , sin tener en cuenta el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino. Y los países que han reconocido al Estado de Palestina, entre ellos Francia, podrían por tanto participar en este intento de gobierno militar. Traducción de Miguel López