El color blanco es el símbolo universal de la paz, la pureza y la inocencia. Por ello, no es de extrañar que sea el color por excelencia de las novias en el día de su boda. Sin embargo, esta tradición es más reciente de lo que parece, especialmente en España. José Armiche, profesor de Modelaje en el Creative Campus de la Universidad Europea y director creativo de la firma nupcial Nijil Obstat, ha explicado que, históricamente, las novias españolas vestían de manera muy diferente. La costumbre de vestir de blanco en las bodas tiene su origen en el siglo XIX y fue impulsada por la reina Victoria de Inglaterra en 1840, cuando se casó con el príncipe Alberto de Sajonia. "Se hizo el vestido en seda, en encaje y se puso de moda en la alta sociedad europea", detalla Armiche. Tras este enlace, la tendencia se popularizó rápidamente por toda Europa, aunque tardaría en llegar a nuestro país. De hecho, en España, la tradición no se consolidó hasta bien entrado el siglo XX. Después de la posguerra, alrededor de 1920, la gente vestía de negro con el traje del domingo, que al ser oscuro, era el traje "bueno" que tenían. No fue hasta la década de los 50, con la influencia del cine y las revistas, cuando el vestido blanco se democratizó por completo. "En los años 20 la gente se casaba de negro. Es más, nuestras abuelas tenían siempre la foto del vestido de novia vestido de negro", recuerda el experto. Antes de que la reina Victoria marcara tendencia, no existía un patrón estético definido. La mayoría de las novias usaban el mejor traje que podían tener para ir a misa, generalmente de colores oscuros como el negro, el azul marino o el marrón. Sin embargo, la alta sociedad sí apostaba por tonos pastel, azul cielo o dorado, influenciada por la moda parisina, con acceso a encajes y bordados. Además, en regiones como Galicia, Castilla o Andalucía era común el uso de mantones de flores y tejidos ricos. La costumbre nupcial se remonta a la antigua Grecia y la antigua Roma, aunque los atuendos no siempre eran blancos. Las novias griegas llevaban una túnica larga llamada 'peplo' y se adornaban con guirnaldas. En Roma, vestían una túnica blanca atada con el llamado nudo de Hércules, símbolo de la fidelidad, pero lo combinaban con un velo de color naranja o rojo fuego. Aunque el blanco sigue siendo mayoritario en la cultura occidental, en otros lugares del mundo las novias eligen colores cargados de simbolismo. En la India y Pakistán visten de rojo, dorado o fucsia para atraer la buena fortuna. En China, el rojo también es el protagonista, al ser el color de la felicidad y la prosperidad. Por su parte, en Japón la tradición se acerca más a la occidental con el uso de un kimono blanco específico para las bodas. Respecto a los colores "prohibidos" para una novia en España, Armiche señala que tradicionalmente el negro y el rojo se consideran de mala suerte. Resulta curioso en el caso del negro, dado que fue el color nupcial por excelencia durante décadas. Además, el profesor añade una superstición más del sector: "Siempre han dicho que el amarillo es un color que nadie debería usar para un vestido de novia".