El cine nos tiene mal acostumbrados. Hemos visto historias de amor capaces de sobrevivir a desencuentros que separarían continentes y a la humanidad batiéndose contra la distopía y saliendo victoriosa. Pero hablo también de otro tipo de hábitos: el de engancharnos con historias indelebles, que nos ayudan a entender mejor a las personas en general y, de paso, a nosotros mismos. 2025 ha cumplido en ese aspecto y nos ha regalado un puñado de títulos dignos de detenernos, saltando de esa rueda de novedades que gira y gira sin sentido intentando arrastrarnos con ella.