En un panorama limeño donde muchas aperturas parecen competir por volumen, impacto visual o efecto inmediato, Crudo se instala en Barranco desde otro lugar: el de la reflexión culinaria y la simpleza bien entendida. La propuesta, liderada por Lukas Sifuentes, no busca deslumbrar, al contrario, es más silenciosa. La carta corta, cambiante y pensada para compartir, se sostiene en una idea clara: cocinar platos reconocibles, atravesados por técnica, memoria y una lectura contemporánea del gusto.