Mariano Cohn y Gastón Duprat practican una escritura inteligente, martillean con precisión las contradicciones del hombre ilustrado contemporáneo y retratan las penurias de los engreídos de la cultura, fantoches arrogantes que confunden talento con vanidad. En sus películas han caricaturizado a profesionales de la intelectualidad, de escritores con Nobel, a pintores de obras maestras. Sus retratos terminan por devorar a sus personajes y de ese festín antropófago surge la sonrisa e incluso la risa ante esos esqueletos de patetismo y mediocridad.