El comercio local sigue siendo una pieza clave en la vida cotidiana de Valladolid, aunque ya no lo tienen tan fácil como antes. En un contexto de cambios en los hábitos de consumo y de compras cada vez más digitalizadas, las tiendas de proximidad se encuentran ante un momento decisivo. El objetivo principal es adaptarse sin perder su identidad. Según una encuesta de la Asociación Española de Consumidores, los vallisoletanos gastarán una media de 1.437 euros durante este periodo navideño. De esa cifra, unos 333 euros se destinará a regalos, 331 a alimentación, cerca de 300 al ocio y alrededor de 90 euros a la lotería. Un reparto que refleja la importancia de estas fechas para el comercio, pero también la necesidad de competir con otros canales de venta. Jesús Herreras, presidente de la Federación de Comercios y Servicios de Valladolid (FECOSVA), hace un balance realista del año que termina y mira al futuro con prudente optimismo. "El comercio de proximidad está en transformación", resume Jesús al valorar 2025. Un año que define como positivo, aunque lleno de dificultades, marcado por una adaptación muy rápida a un entorno cada vez más digital. Internet y las nuevas tecnologías han cambiado la formar de comprar, pero desde FECOSVA insisten en que la venta online debe ser un complemento, no el eje principal del negocio. "Lo digital es un escaparate, una herramienta más. Nuestro valor está en el servicio, en el trato directo y en la experiencia de compra", explica su presidente. La digitalización se ha convertido es uno de los grandes retos del comercio local. La llamada omnicanalidad (vender tanto en tienda física como a través de canales online) es ya una realidad, aunque con límites claros. Las grandes plataformas, reconoce el presidente, siempre podrán competir mejor en precio, pero no en cercanía ni en atención personalizada. Además, recuerda que incluso se está dando el camino inverso: negocios que nacieron en internet y que ahora apuestan por abrir tienda físicas, demostrando que ambos modelos pueden convivir. Uno de los problema más preocupantes para el sector es la falta de relevo generacional. Muchos comercios cierran no por falta de rentabilidad, sino porque sus propietarios se jubilan y no encuentran continuidad. Este fenómeno está cambiando el mapa comercial de la ciudad. El comercio de proximidad tiende a concentrarse en los grandes ejes comerciales, mientras desaparece progresivamente de calles más alejadas. Una reestructuración que transforma los barrios, pero que, según FECOSVA, no implica la desaparición del sector. Jesús Herreras es claro al hablar de ayudas públicas. "Por sí solas no van a salvar ningún negocio". Pueden servir como apoyo puntual o para compensar situaciones concretas, pero la clave está en concienciar al consumidor de la importancia de comprar en el comercio local. "Muchas veces no pagamos mucho más y, sin embargo, obtenemos un mejor servicio y vemos el producto. Comprar cerca es invertir en la ciudad", subraya. De cara a 2026, el mensaje es optimista. "Pese a la incertidumbre política, la inseguridad jurídica y otros factores externos que generan desconfianza, el comercio local confía en su capacidad de adaptación". "Si no fuéramos optimistas, no seríamos empresarios", concluye Herreras. Con la convivencia entre la compra online y la física como escenario inevitable, el comercio de proximidad se prepara para seguir siendo, como recuerda su lema, el motor que da vida a la ciudad y a sus barrios.