"La Liturgia nos ofrece el texto de una bellísima bendición: 'Que el Señor te bendiga y te proteja… y te conceda la paz'", con esas palabras, León XIV ha comenzado su homilía en la primera misa del año desde el Vaticano, en la solemnidad de Santa María Madre de Dios, Jornada Mundial de la Paz. Esa bendición, ha explicado, ilumina la historia de un “pueblo de liberados” que, tras Egipto, camina en la libertad hacia un futuro abierto por la promesa de Dios. “Cada día puede ser, para cada uno de nosotros, el comienzo de una vida nueva, gracias al amor generoso de Dios…”, ha afirmado, invitando a recorrer 2026 “como un camino abierto… libres y portadores de libertad, perdonados y dispensadores de perdón”. Celebrando la solemnidad de Santa María Madre de Dios, León XIV ha subrayado que con el “sí” de María “la Fuente de toda misericordia y benevolencia” recibió “un rostro humano: el rostro de Jesús”, por cuyos ojos “el amor del Padre nos alcanza y nos transforma”. También ha citado a San Agustín: en María, “se hizo hombre quien hizo al hombre (...) para librarnos a nosotros, a pesar de ser indignos”, recordando la “total gratuidad” del amor de Dios. El Papa ha insistido en que Dios se presenta "desnudo, indefenso como un recién nacido en la cuna", y de ese modo enseña que "el mundo no se salva afilando las espadas, juzgando, oprimiendo o eliminando a los hermanos, sino por comprender, perdonar, liberar y acoger a todos, sin cálculos y sin miedo". En María se encuentran dos realidades “desarmadas”: “la de Dios que renuncia a todo privilegio de su divinidad para nacer según la carne” y “la de la persona que con confianza abraza totalmente su voluntad”, ofreciendo su libertad en un acto perfecto de amor. A las puertas del final del Jubileo de la esperanza, León XIV ha invitado a “acercarnos al pesebre, en la fe, como al lugar de la paz ‘desarmada y desarmante’ por excelencia”, para “hacer memoria de los prodigios” de Dios y “volver a partir… ‘alabando y glorificando a Dios’”. “Que este sea nuestro compromiso para los meses venideros y para toda nuestra vida cristiana”, ha asegurado