¿Cuánto nos durará?

No, tranquilos. El año seguro que nos dura 365 días, aunque la invasión extraterrestre se produzca. O nuestro pizpireto y tiktokero presidente, que aunque se le ve pelín pa los pollos, fijo que nos aguanta, UCO mediante, hasta las elecciones de 2027. ¡Como poco! No, no, yo me refiero a los propósitos de Año Nuevo . Esos que de manera indefectible nos hacemos jurando como Alfonso VI en Santa Gadea. Que, habida cuenta de que jamás ocurriera, y por más que Charlton Heston, quicir , El Cid , le forzara la mano sobre las Sagradas Escrituras, todo quedará en leyendas. Tanto como las que nos hemos hecho como promesas por la gloria de mi madre. O de la de usté. Que nos empeñamos en creer que el que un día se acuesta borrico, al día siguiente se levanta alazán por mor de un hada como la de Pinocho . Y como el muñeco de madera del cuento (cuento que, como todos los cuentos en sus versiones originales, da un miedo que te rilas), nos crece la nariz cada día más a costa de lo que íbamos a hacer desde ya mismo. Claro que, ¡cómo empezar esa dieta tan necesitada un día como hoy! Que lo suyo en Año Nuevo es comenzar con un desayuno imperial. Ya saben: el que el Galeón de Manila trajo de la China, los churros y porras, unido a lo de la Flota de Indias trayendo el chocolate. Así, tres continentes se unen gracias a mi señor don Felipe, segundo de su nombre, en el desayuno estrella de hoy. Luego, claro, como ni el alka-seltzer ni el nolotil ha hecho nada con tanto que comimos (¡y bebimos!) para, bien dejar atrás el puñetero año, bien para recibir el nuevo, el caso es que lo del deporte lo dejamos si eso ya para mañana. O no, que es viernes. Viernes… ¿entonces hoy es jueves? Leñes, pues el Espía Mayor su día era el miércoles. Bueno, ¡si es que esta semana ha sido un sindiós! A ver, la cosa es centrarse. Ya si eso (fantástica expresión española, que indica lo peor aunque no lo parezca), para el lunes comenzamos comme il faut . Que quien dice el lunes dice el miércoles que viene, que el lunes es Noche de Reyes , el roscón… y el martes Epifanía y regalitos de los de Oriente, y habrá que jugar con los Madelman, la Nancy y el Autoperma. Dejemos los buenos propósitos para cuando correspondan. Y eso ya depende de que hayamos entrado con buen pie en el año. Uno, cojo de nacimiento (o PMR o como rayos se nos diga en estos tiempos tan correctos), siempre ha tenido problemas para ello. Pero no para luchar para que, pase lo que pase, recordar que lo importante siempre eres tú. Y querer mucho. Como yo los quiero, queridas lectoras y estimados lectores, y este año incluso me van a ver más. Y cuando digo «ver» es literal. Que el Espía Mayor les tiene preparada una sorpresita. Del resto, como gusto de decir, a las penas, ¡puñalás! ¡¡Feliz Año Nuevo!! Y a por él, que ya es un día menos para el que viene.