En medio del árido paisaje de San Juan de Lurigancho, donde las laderas secas de los cerros dominan el horizonte, existe un lugar que desafía toda lógica geográfica. Se trata de “La Selva Escondida” de San Juan de Lurigancho, un espacio verde que floreció gracias a la perseverancia y el trabajo de una mujer ayacuchana que nunca renunció a sus raíces.