En estos días en que nuestras ciudades se cubren de luces y los hogares de guirnaldas, conviene detener el paso y preguntarnos qué celebramos en realidad cuando decimos «Navidad». No se trata sólo de una estación afectiva, de un calendario de reuniones y obsequios; es, ante todo, la memoria viva de un acontecimiento que cambió la historia y, con ella, nuestra manera de entender a la persona, la sociedad y el destino humano. En el pesebre de Belén, en la fragilidad del Niño, el cristianismo proclama que Dios se hace hombre para que el hombre no quede abandonado a su propio límite. Esa afirmación —la Encarnación— ha dado forma durante siglos al suelo cultural que pisamos, a menudo sin advertirlo:... Ver Más