Las recientes elecciones extremeñas anticipan una escalada de crispación inédita desde la guerra civil, pues ha quedado demostrado que aquí ya no se vota ni con el bolsillo ni tapándose la nariz. En realidad, en España no se vota sino se veta, porque lo que se busca es algo mucho más retorcido: impedir que gobierne quien haya ganado las elecciones. Ante semejante panorama político, cualquier aspiración pedagógica queda descartada de forma automática, pues el odio surge del amaestramiento. Nunca de la educación. Si nuestros políticos creyeran en la pedagogía política, deberían defender por igual la propiedad privada y fomentar la construcción de viviendas públicas. ¿Por qué no lo hacen? Comenzando por la propiedad privada, doy por sentado que PP, Vox,... Ver Más