Los relojes tradicionales siguen marcando el paso del tiempo mucho más allá de su función práctica. En una época dominada por pantallas y dispositivos inteligentes, los relojes mecánicos conservan un valor especial: representan historia, precisión y un trabajo artesanal que pasa de generación en generación. Basta recordar que hace apenas unas horas, millones de españoles miraban al mismo reloj, el de la Puerta del Sol, para despedir el año 2025. Ese reloj, con casi 170 años de historia, sigue funcionando gracias a un cuidado constante y a manos expertas. Y es precisamente ese respeto por la maquinaria clásica lo que reivindica Jesús Moreno Piñero, maestro artesano y relojero, que lanza una advertencia clara para quienes quieren que su reloj dure décadas: “Un reloj puede durar muchos más años si, por ejemplo, no lo metes en agua, aunque sea acuático, porque ninguna máquina es acuática aunque lo diga”, señala. Moreno explica que un reloj, por muy robusto que parezca, es una máquina delicada. “Aunque sea acuático, ninguna máquina es acuática”, insiste. Lo que realmente protege al reloj son juntas y cierres que, con el tiempo, se desgastan. Un descuido tan común como bañarse con él o entrar en una piscina puede acortar su vida útil sin que el usuario lo note de inmediato. El relojero recomienda gestos sencillos pero eficaces: evitar el agua caliente, no golpearlo y limpiarlo suavemente con un paño al quitárselo por la noche. “Solo con cuidarlo un poco, un reloj te dura años”, afirma. El ejemplo más claro de la importancia del mantenimiento es el reloj de la Puerta del Sol. Moreno recuerda que su revisión es constante porque un fallo sería histórico. “Imagínate que en la campanada número seis se queda parado, sería un drama”, explica. Por eso, recientemente se ha desmontado pieza a pieza para una revisión completa, algo poco habitual pero necesario. Este tipo de relojes demuestran que, con atención y conocimiento, la maquinaria puede superar con creces el paso del tiempo. Para Jesús Moreno, los relojes no solo marcan horas, también cuentan historias. “Un reloj habla”, asegura. El sonido del tic-tac revela si algo no funciona bien, pero también el desgaste muestra cómo ha vivido su dueño. Incluso ha encontrado inscripciones antiguas en mecanismos que datan del siglo XVIII. Muchos de los relojes que llegan a su taller tienen un enorme valor sentimental. “Hay clientes que lloran cuando recogen el reloj arreglado”, cuenta. No es solo un objeto reparado, es un vínculo con alguien que ya no está. Moreno lanza una reflexión que conecta con muchos oyentes: antes, los relojes se hacían pensando en durar toda una vida. “Habría que pensar si un reloj de hoy va a durar 70 años”, comenta. La respuesta no siempre es optimista, sobre todo cuando se descuida el mantenimiento. Su consejo final es claro y directo: cuidar un reloj es respetar su mecánica. Porque, como recuerda el relojero, aunque lo ponga en la esfera, ninguna máquina es realmente acuática, y solo el buen trato garantiza que siga marcando el tiempo durante generaciones.