Amplitud , zonas verdes , lugares para pasear , tranquilidad, buenas comunicaciones y una potente oferta de pisos nuevos o con muy pocos años a sus espaldas. En cuanto a esto último, además, precios de compra aceptables si se compara a la vivienda usada en áreas antiguas. Estas son las principales razones por las que los cordobeses se mudan a barrios de nuevo cuño como Poniente Sur , Huerta de Santa Isabel Este o la zona de la Arruzafa, con Turruñuelos a la cabeza. Estos enclaves son los grandes exponentes de la pujanza residencial del nuevo Poniente . Precisamente, las zonas donde se sitúan la Arruzafa, Poniente Sur y Huerta de Santa Isabel Este registran dos de cada tres viviendas nuevas de las que se han comprado en Córdoba en el último año, según el portal estadístico del Consejo General del Notariado . En resumen, son barrios jóvenes y en construcción , no sólo por las grúas que pueblan algunos, sino por la llegada paulatina de vecinos y de servicios o comercios. Estos barrios nuevos suponen un soplo de aire fresco al mercado inmobiliario y reúnen, en tiempos de graves problemas demográficos, a gran parte de las parejas que forman hoy día una familia. Ello les permite protagonizar relevantes aumentos de población. Baste recordar que, según los datos del Ayuntamiento , en 2023 - últimos disponibles por barrios -, en la zona de Huerta de Santa Isabel Este y la espalda del Hipercor la población protagonizó un estirón del 18,9% . ABC muestra los casos personales de vecinos que decidieron mudarse a Poniente Sur, Huerta de Santa Isabel Este y Turruñuelos. En Poniente Sur, cerca del hospital Quirón, Sandra pasea a su perro Chocolate, un braco alemán. Vinieron al barrio hace unos seis años, procedentes de Las Quemadas. ¿La razón?: el precio. «Eran pisos de Vimcorsa, y como primera vivienda te daban un precio de compra muy bueno , que no es el que está ahora ni mucho menos, pues salían entonces a una media de 155.000 euros, y eso en un barrio nuevo». Sandra indica que, junto a su familia, está muy contenta con el barrio, «aunque echo de menos que hubiese alguna tiendecilla más». Manuel Rubio, junto a sus hijos Daniel y Alba, fue uno de los pioneros de Poniente Sur . Recaló allí con su familia hace unos doce años. Incluso rememora, señalando a un edificio de aspecto llamativo y color nada discreto: «Como bloques estaba el naranja y éste. De lo demás no había nada». Vinieron de un pueblo del norte de la provincia, El Viso , primero como estudiantes. Y se quedaron en la capital. «Escogimos este barrio porque yo trabajaba en el hospital Reina Sofía, y ahora muy cerca, en la Universidad Loyola; mi mujer cuenta con proximidad a la Ronda, ya que trabaja en el polígono de Las Quemadas, así que nos viene muy bien vivir aquí ». Rubio sólo echa en falta algún negocio de proximidad al margen de las abundantes clínicas que han crecido por la cercanía con el hospital Quirón, como por ejemplo fruterías y pescaderías. Isabel Lagares y Alejandro Jiménez pasean junto a su hijo Alejandro. Se mudaron hace dos años. Anteriormente siempre vivieron por la zona centro. «Nos gustaba por la comodidad de acceso al trabajo , pues mi esposa trabaja cerca de Gran Vía Parque y puede ir andando, además de atraernos por ser un lugar abierto con jardines », señala Alejandro. Por su parte, Isabel añade: «Dentro de ser una zona nueva también tiene cercanía con el Centro, y también nos atrajo la propia construcción y características del piso ». ¿Echan algo en falta? Por parte de Alejandro, « algo de sombra en verano, pues en algunas calles es infernal, y quizá algo de limpieza en algunas zonas de contenedores». A pesar de todo, Isabel concluye: «Es un barrio que está bastante bien, ya tiene negocios de ocio, cafeterías... Aunque, en comparación, quizá, a la zona de Hipercor le falte mucho en ese sentido, esto es más barrio, o sea, más familiar». Si se salta a Huerta de Santa Isabel Este , se recaban testimonios similares. Es el caso del de Mari Carmen Laguna , quien observa en uno de los parques de la zona a sus nietos, Ismael Martín y Rafael Jiménez. Como tantas abuelas actuales, viene a ayudar a su hija, quien decidió mudarse hace tres años porque «es un barrio joven, nuevo , con buen ambiente y con muchas expectativas de habitantes también jóvenes, tiendas y parques». La familia procede de Cañero , aunque Mari Carmen viva ahora en El Portillo, por la Carretera del Aeropuerto. Sus planes son mudarse también a esta zona, pues tiene familia en calles cercanas y, añade, «no se ve mala gente, algo muy importante, y también están poniendo colegios e institutos». Jara Parrilla pasea junto a su hijas Nadia y Aria, junto a la tía de ambas, Miriam. Viene de la Viñuela, en concreto de Jesús Rescatado. Escogió el barrio porque quería quedarse en la Viñuela, pero «estuvimos mirando pisos y por el precio y la antigüedad lo descartamos, ya que nos salía entre 120.000 y 140.000 euros, más la reforma necesaria. Eso en viviendas con más de 30 años y aquí encontramos uno que por ese precio tenía todo: nuevo, piscina, trastero y cochera ». Recuerda que entonces le causó cierta incertidumbre , porque había sólo dos o tres bloques construidos . «Estoy muy contenta porque es un lugar bastante tranquilo, con muchas zonas verdes, aunque echo de menos un poco el poder ir andando a más sitios». Lázaro Estepa , que pasea junto a su pequeño hijo Álvaro, se mudó hace cinco años procedente de La Rambla. «Me trasladé porque mi mujer es de aquí y nos gusta la gran amplitud que tiene, cuenta con lugares para pasear y tiene zonas verdes».Este rambleño está muy contento con el barrio , «y más ahora que van llegando servicios. Cuando nos vinimos aquí no había nada». Lucía Ramírez, Clara Ramírez y Fernando Suárez-Varela, aunque cordobeses, tras una estancia en Madrid, se asentaron en este barrio el pasado mes de junio. Lucía echa de menos «locales que están por venir» y Fernando realiza una reivindicación relacionada con el caótico tráfico de este lugar al que califica en general de tranquilo y en evolución: «Se genera un atasco impresionante en el acceso porque prácticamente todas las calles de la zona están mal distribuidas, hasta el punto de que ya hay un embotellamiento dentro del propio barrio antes siquiera de incorporarte a la Avenida Donante de Órganos». En Turruñuelos , Almudena y su marido Alfonso venían del Casco Histórico , donde vivieron felices durante mucho tiempo. Sin embargo, el aumento del turismo lo hizo un sitio complicado de vivir para ellos, debido a la disminución de tiendas y al aumento de los visitantes o de los actos en la calle. Se vinieron a Turruñuelos el pasado mes de marzo: «El Casco se ha quedado para los de fuera. Aquí podemos además ir al centro cuando queramos». María , también reciente vecina del barrio, se mudó hace dos años a Turruñuelos, aunque compró el piso hace ocho. Anteriormente vivía en Doce de Octubre. Señala que le salió muy bien de precio en comparación con pisos antiguos: « Posiblemente en Santa Rosa te pueda salir más caro que aquí ». ¿Lo mejor? La tranquilidad , dice entre bromas «porque tengo la edad que tengo». Y también la luz, algo destacado al ser una zona con viviendas muy bajas. En definitiva, estas zonas de expansión se han consolidado como el motor residencial de Córdoba al ofrecer un equilibrio entre modernidad, calidad de vida y precios competitivos de la vivienda nueva. Estos barrios no solo representan un cambio urbanístico, sino que son el núcleo donde las nuevas familias están redefiniendo la demografía de la ciudad, con el bienestar y la funcionalidad como prioridades. =