Hay quien no sabe ni que la tiene ni dónde se ubica. La vesícula es un órgano pequeño, muy desconocido, con forma de pera, que se encuentra en la parte superior derecha del abdomen, justo debajo del hígado. Su función es almacenar y concentrar la bilis que produce el hígado . Cuando se contrae, echa la bilis al intestino por un conducto para ayudar a digerir los alimentos, sobre todo las grasas. Es como el apéndice, nadie se acuerda de él hasta que duele. Y la solución cuando molesta es la misma: extirpar. No tienen otro tratamiento y podemos vivir sin ellos. Cada vez más gente presenta molestias en la vesícula y acaba quitándosela. «Ahora mismo los trastornos de la vesícula y la vía biliar son el primer motivo de consulta y de ingreso en una planta de hospitalización en los servicios de digestivo. El más frecuente, en concreto, es la colelitiasis (formación de piedras en la vesícula biliar) y sus complicaciones«, asegura la doctora Mercedes Pérez Carreras, jefa de Sección de Medicina de Aparato Digestivo del Hospital Universitario 12 de Octubre, quien confirma que la patología de la vesícula es cada vez más prevalente en los países occidentales como España. Se hacen más cirugías por diversas causas: «Por un lado, el aumento de la esperanza de vida porque la edad es uno de los factores de riesgo para desarrollar piedras y síntomas. También los cambios en los hábitos alimenticios hacen que haya una prevalencia de obesidad y sobrepeso mayor, que predisponen a otros factores de riesgo de cálculos «, comenta el doctor José María Lopesino, especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo de la Clínica Universidad de Navarra, que añade: »Otro motivo que ha aumentado las cirugías en los últimos años es que se realizan más pruebas de imagen en chequeos, en las que se detectan piedras o pólipos con mayor frecuencia. Y por último, que cada vez se desarrollan más técnicas mínimamente invasivas, que disminuyen el riesgo de complicaciones y facilita la recuperación, por lo que hay más facilidad para realizar esta intervención«. La mayoría de las piedras en países occidentales son de colesterol. Éste y las sales biliares, que conforman la bilis, tienen que tener un equilibrio. El problema surge cuando ese balance se rompe porque hay más colesterol o menos sales biliares. Se sobresatura, pierde el equilibrio y forma cristales que, capa a capa, acaban formando piedras. Cuando la vesícula se contrae, esos cálculos pueden provocar dolor en la parte superior derecha del estómago del paciente, justo debajo de las costillas. También pueden experimentarse naúseas y vómitos, así como sensación de indigestión y gases. Esta patología está aumentando por una serie de factores personales y ambientales asociados a la sociedad occidental. «Están la susceptibilidad individual o la predisposición genética, pero también otras enfermedades que favorecen la aparición de colelitiasis como la diabetes, el colesterol alto o el aumento de triglicéridos», explica la doctora Pérez Carreras. Otras circunstancias que propician la aparición de piedras son la obesidad, el ayuno y la pérdida de peso rápida por dietas extremas o cirugía bariátrica. «Perder más de 1,5 kg a la semana favorece su aparición porque llega más colesterol a la bilis y la proporción cambia», advierte. «Con la diabetes hay una disminución de la motilidad de la vesícula y la bilis se remansa más. Con la obesidad y los cambios de peso también hay una alteración del metabolismo de los lípidos. Si la bilis tiene más concentración de colesterol, tiende a formar cálculos. Y también con la edad, la bilis se altera, se hace más espesa y tendente a cristalizar. A partir de los 40 años empieza a aumentar la incidencia de cálculos y es más frecuente en mujeres por la menopausia que altera el metabolismo del colesterol«, explica el doctor Francisco José García, médico especialista en Aparato Digestivo y portavoz de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD). Por su parte, la doctora Pérez Carreras apunta asimismo a los nuevos fármacos que hacen perder peso porque disminuyen la contracción de la vesícula, ralentizan el vaciado, la bilis se concentra, y esto propicia la formación de cálculos. «Con el tratamiento de semaglutida se está viendo un aumento de incidencia de colelitiasis, pero es un riesgo del que advierte el prospecto del fármaco. Va a haber que vigilar», apunta. También los anticonceptivos orales aumentan el riesgo de desarrollar cálculos en la vesícula biliar porque los estrógenos incrementan el colesterol en la bilis y alteran su composición. Tanto que la bilis quede retenida en la vesícula como que aumente el colesterol favorecen las piedras. La buena noticia es que aunque mucha gente las desarrolla, la mayoría no tiene síntomas. Una de las razones que explican el aumento de diagnósticos es el mayor acceso a pruebas de imagen. «Las piedras se pueden detectar de manera fortuita en un reconocimiento de empresa o en una revisión ginecológica o de la próstata en la que se hace una ecografía abdominal. Vienen pacientes con piedras en la vesícula sin molestias porque la mayoría son asintomáticas», comenta Arturo Colón, cirujano general y de aparato digestivo del Hospital Universitario Gregorio Marañón. La mala noticia es que estos cálculos no van a desaparecer con fármacos ni con cambios en los hábitos alimenticios. «No hay tratamiento médico ni dieta que acabe con las piedras en la vesícula. Nunca desaparecen», apunta el doctor Arturo Colón. Pero que se las detecten en una prueba de imagen no hace obligatorio extirpar el órgano. La indicación es hacerlo si hay sintomatología o si las circunstancias particulares del paciente lo aconsejan aunque aún no haya presentado molestias. «El 80% de las personas con colelitiasis nunca van a tener síntomas relacionados y los estudios dicen que en estos casos no compensa quitarla porque es raro que tengas un cólico biliar o una complicación de esa piedra», manifiesta la doctora Pérez Carreras. Otros dos escenarios más graves que pueden darse, aunque son infrecuentes, y que obligan a una extirpación de la vesícula, son la colecistitis , que es la inflamación del órgano causada por cálculos biliares que bloquean su salida, provocando dolor abdominal (especialmente en la parte superior derecha), náuseas, fiebre y vómitos. O también puede pasar que la piedra de la vesícula migre y bloquee el conducto pancreático impidiendo el drenaje de las enzimas digestivas, lo que causa inflamación del páncreas ( pancreatitis ), un dolor abdominal intenso y repentino, náuseas y vómitos, y requiere atención médica urgente y extirpar la vesícula lo antes posible. «Las piedras más pequeñas pueden provocar menos cólicos o infección y más pancreatitis», puntualiza el doctor Colón. Aunque la cirugía se puede hacer por laparoscopia, incluso de forma ambulatoria, no hay que minimizar la intervención y lo ideal es que la lleve a cabo un cirujano experto en patología hepatobiliar. Vivir sin vesícula es posible , pero en algunos pacientes puede traer algunas molestias como diarreas cuando abusan de las grasas o síndrome postcolecistectomía (síntomas que se parecen a los que tenían antes de operarse). «Debemos afinar mucho que los síntomas que tiene el paciente se deban a las piedras en la vesícula antes de intervenir. Si no está claro, puede pasar que le quiten la vesícula y siga teniendo molestias. Hay que descartar que los síntomas no sean por otra cosa», advierte la doctora Pérez Carreras. En la mayor parte de los casos, una vez extirpada, el paciente puede hacer una vida normal. «La inmensa mayoría de pacientes en mes, mes y medio, comen de todo. El hígado aprende a hacer la función de la vesícula», tranquiliza el doctor Colón. Detrás de los problemas de vesícula suele haber una susceptibilidad individual, pero seguir un estilo de vida saludable puede ayudar a tener menos papeletas para sufrirlos. «Lo mejor es hacer ejercicio y seguir una dieta mediterránea», concluye la especialista del Hospital 12 de Octubre.