Público y gratuito

Esta noche soñé un sueño. ¿Acaso se puede soñar algo que no sea un sueño? En el sueño soñé que nuestra democracia había alcanzado su nivel máximo de desarrollo, el estado del bienestar lograba las más altas cotas de satisfacción y los contribuyentes disfrutábamos plenamente de las prestaciones a las que habíamos destinado nuestros impuestos. Soñé que podía decidir hacia dónde se dirigía mi contribución al erario público –claro que el erario o es público o no es erario–. Fue en ese momento cuando en mi sueño soñé con un sistema en el que se me permitía pagar el alumbrado de las calles y la recogida de basura, pero también poder contribuir a financiar una sanidad pública o no hacerlo, financiar el cine español como cultura europea o destinar el dinero a otros fines; reclamar que los medios de comunicación estatales o autonómicos pudieran dejar de ser de todos para ser de unos pocos; y ese servicio municipal de transportes subvencionado fuese gratuito para quienes lo utilicen pero también para quienes lo coticen.