Jamás en la vida, ni en sueños, se me ocurrió que llegaría a ver nada menos que el año 2026, vivo y coleando me refiero, por lo que incluso si los analistas y profetas tienen razón, y este año resulta todavía peor que el 2025 de las matanzas, las guerras de drones, la fascinación de los fascismos, la polarización, las mentiras desacomplejadas y la barbarie de un presidente infantil de EEUU, que cuando pacifica es más letal que cuando ataca, me temo que no podré quejarme. Cómo quejarme de nada si ni loco esperaba estar vivo en 2026, fecha que siempre me pareció remotísima, de ciencia ficción, con naves espaciales, coches voladores, androides más humanos que los humanos y toda la pesca. Y que no sólo me lo parecía, sino que hoy, 2 de enero de 2026, aún me lo sigue pareciendo. La fecha es posterior a la de casi todas las películas y novelas de anticipación futurista, con viajes interplanetarios y temporales; también a las posapocalípticas, como si el tan repetido fin del mundo perteneciese al pasado, y aunque de los asombrosos prodigios científicos no hay ni rastro y la gente no se viste con pijamas plateados (nos adelantamos demasiado), lo cierto es que llevamos décadas atascados en el futuro. Menudo chasco de futuro, por cierto, vaya jugarreta que me ha gastado mi inverosímil longevidad. Salvo que inadvertidamente me metiese hace tiempo en otra línea temporal, o en un universo paralelo, no sé si me asombra más estar ya en 2026, o que 2026 sea así. Es decir, igual que siempre pero con más multimillonarios, más criminales de guerra, más fascistas y más tonterías tecnológicas. La distopía más tonta del mundo y mira que a estas alturas ya hemos visto toda clase de distopías atroces. Nos faltaba la gilipollas. Pero sea lo que sea este 2026, no puedo quejarme puesto que nunca imaginé que llegaría vivo a esta fecha. ¡Y con periódicos de papel! Quioscos no y tampoco invasiones extraterrestres (a los terrícolas sólo nos invaden los terrícolas), pero bueno, el tiempo no transcurre el vano, pasa factura. Y no seré yo quien se queje de la factura. Lo aviso, este año no voy a quejarme de nada. Ya sé que perderé mucho prestigio intelectual, pero me trae sin cuidado.