Buscando a toda costa responsables de la implacable sequía que asola todo el país desde hace varios meses, algunos religiosos , de los más retrógrados de la República Islámica, habían señalado a las bi-hiyab y las bad-hiyab , es decir, las iraníes sin pañuelo o que lo llevan mal colocado. Ahora son el hazmerreír de las redes sociales. Y es que la lluvia y luego la nieve en el macizo de Alborz, que finalmente permitió abastecer a la ciudad de Teherán, enfrentada a una dramática escasez de agua, comenzaron a caer abundantemente poco después de una maratón en el sur de Irán. A pesar de la prohibición del Ministerio de Orientación Islámica, unas 2.000 mujeres acudieron a participar en la carrera, la mayoría de ellas sin pañuelo. De hecho, fue una bi-hiyab la que ganó la principal prueba femenina. Esta sexta maratón de Kish, una isla del golfo Pérsico que es a la vez un importante destino turístico para los iraníes ricos y una zona de libre comercio, pronto dejó de ser una simple anécdota para convertirse en un asunto de política interior. Dado que la cuestión del pañuelo sigue siendo fundamental en los conflictos internos de Irán, la prueba permitió a las facciones más duras del régimen cruzar espadas con las que apoyan al presidente Massoud Pezeshkian, partidario de una línea más flexible en materia de moral pública. La federación iraní de atletismo exigió que participaran solo hombres en el maratón de Kish, que se celebró el 5 de diciembre. No obstante, con el fin de promover la isla, símbolo de la apertura de Irán al mundo, los responsables de la poderosa Zona Franca de Kish (KFTZ), organizadores del maratón, permitieron que las mujeres pudieran competir en pruebas separadas. De ahí la participación de deportistas procedentes de todo Irán. La polémica podría haber quedado ahí si no fuera por la publicación en redes sociales de vídeos y fotos en los que se veía a las maratonianas con la cabeza descubierta o solo con una bandana . La reacción inmediata de la justicia iraní no se hizo esperar: el fiscal de Kish, Ali Salemizadeh, ordenó la detención de dos responsables de la KFTZ, que fueron puestos en libertad bajo fianza, pero siguen bajo control judicial. Se les imputan los cargos penales de “atentado contra la decencia pública” y “conducta contraria a la legislación”. Los Pasdaran, el cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, también aprovecharon la ocasión para pasar a la ofensiva a través de la agencia Fars , un medio de comunicación bajo su control, que comparó la participación de las mujeres en este maratón con “una plataforma para promover la desnudez y las desviaciones sociales” . El Parlamento, ampliamente controlado por las facciones conservadoras, se hizo eco del asunto. Algunos diputados pidieron al Gobierno que aplicara la nueva ley sobre “apoyo a la familia mediante la promoción de la cultura de la castidad y el hiyab”, que refuerza la represión contra las mujeres que no llevan pañuelo. Esa ley, aprobada en julio de 2024 y posteriormente promulgada, vio suspendida su aplicación en diciembre del mismo año por el todopoderoso Consejo Supremo de Seguridad Nacional, cuyo presidente no es otro que Massoud Pezeshkian. Porque éste no oculta su oposición a esta ley, al igual que el secretario general de esa institución, Ali Larijani, un conservador considerado “pragmático”. “Massoud Pezeshkian y Ali Larijani temen que se produzca una explosión social debido al increíble coste de la vida en Irán” , subraya Azadeh Kian, profesora de sociología y directora del Centro de Enseñanza, Documentación e Investigación para los Estudios Feministas (Cedref) de la Universidad Paris-Cité. “La inflación es de al menos un 200 % anual y el precio de la gasolina acaba de subir otra vez” , añade esta investigadora. “Por Chab-e Yalda [una de las fiestas iraníes más populares que celebra el solsticio de invierno, ndr], las familias tienen que comprar granadas y pistachos, pero, aunque se producen en Irán, su precio se ha duplicado o triplicado, lo que los hace inaccesibles. Lo mismo ocurre con los huevos, a los que ha recurrido la población, que ya no puede permitirse comer carne, pero cuyo precio también se ha disparado. Entonces, Pezeshkian y Larijani han pensado que si, además, se persigue a las mujeres, esto puede conducir tarde o temprano a altercados.” Aunque desató la indignación de los círculos ultraconservadores y de los Pasdaran, el maratón de las mujeres, por el simple hecho de haber podido celebrarse, demostró efectivamente que una gran parte del régimen está de acuerdo en relajar la cuestión de las libertades individuales. El sociólogo Ruhollah Jome'i, citado por la web Amwaj , destaca que la participación en la maratón, con más de cinco mil hombres y mujeres, fue superior a la de las recientes manifestaciones organizadas en Teherán por el régimen a favor del uso obligatorio del pañuelo. Lo que, añade, “demuestra que Irán no volverá” a la situación anterior al movimiento Mujer, Vida, Libertad, provocado por la muerte de la joven kurda Mahsa Amini, en 2022, por llevar mal puesto el pañuelo. Hay otros indicios que apuntan en la misma dirección. “Ahora, la mayoría de las jóvenes andan sin velo por las calles de Teherán sin que nadie las señale”, indica Kacem, un joven empleado de banca que ha viajado a Francia para las fiestas de fin de año. “Muchas de las que siguen llevándolo lo hacen porque no tienen otra opción: trabajan en la administración y serían despedidas si se lo quitaran. Pero ahora ya no se ven unidades de policía moral en las calles de Teherán”. Otra señal de la relajación del régimen es que ya no se detiene a las iraníes que conducen una moto , por lo que cada vez son más las que circulan por Teherán. Para el politólogo y especialista en Irán Reza Moini, la señal más llamativa de los cambios sociales que se están produciendo sigue siendo la proliferación de cafés en la capital iraní. “Teherán no es una ciudad de cafés”, explica el investigador. “Hay teterías, pero no son populares entre los jóvenes. Ahora, los cafés se han convertido en sus lugares de reunión, especialmente para las chicas . Pero los jóvenes no se reúnen allí para hablar del derrocamiento del régimen, sino simplemente para estar juntos y sentirse libres.” Las autoridades cierran cada poco algunos establecimientos por “atentar contra la decencia pública”, pero eso no impide que se abran otros. El líder de las facciones radicales y excandidato a las elecciones presidenciales, Saïd Jalili, ha mostrado recientemente su preocupación al respecto, indicando que ha contado al menos doscientos cafés entre su domicilio y su oficina. El líder supremo, Alí Jamenei, que arbitra los conflictos entre facciones, pero que en general muestra posiciones más cercanas a los radicales que a los reformistas, parece incluso haber evolucionado en la cuestión de moral pública , distinguiendo ahora entre las mujeres que no llevan pañuelo y las que lo llevan mal puesto, pero se puede tolerar. También fue él quien propuso a Massoud Pezeshkian y Ali Larijani para los dos puestos clave del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, que en el pasado solían ocupar personalidades conservadoras o belicistas. Esos nombramientos han exasperado a los ultraconservadores, sobre todo porque Pezeshkian no deja de quejarse del mal funcionamiento de la República Islámica, lo que desmoraliza a la base del régimen, mientras que Larijani no deja de pedirle que aprenda de sus errores en lugar de practicar una “resistencia ciega”. Como consecuencia del movimiento de protesta Mujer, Vida, Libertad, el régimen parece distinguir ahora claramente entre lo que considera desobediencia no política, sobre la que prefiere hacer la vista gorda, y los actos de desobediencia estrictamente políticos, que siguen siendo objeto de una feroz represión. “El poder centra ahora su represión en quienes tienen la capacidad de organizar manifestaciones y en las personalidades populares”, resume Reza Moini. De ahí el regreso a la cárcel de la ganadora del Premio Nobel de la Paz 2023, Narges Mohammadi. La famosa opositora, que cumplía una condena de trece años y nueve meses de reclusión por “conspiración” contra la seguridad del Estado y “propaganda” contra el régimen iraní, había sido liberada de la prisión de Evin en diciembre de 2024 por motivos médicos. Fue detenida de nuevo el 12 de diciembre en la gran ciudad santa de Mechhed (este de Irán) con motivo de la tradicional ceremonia del haftom , que conmemora el séptimo día de la muerte del abogado Khosrow Alikordi, gran figura de la defensa de los presos de conciencia y los periodistas, cuyo cuerpo fue hallado sin vida seis días antes, en su despacho. Las autoridades afirman que su muerte se debió a un accidente cerebrovascular y se niegan a realizar una investigación oficial. Mientras pronunciaba un discurso frente a una mezquita para denunciar la muerte de este abogado, que considera “sospechosa”, Narges Mohammadi fue brutalmente detenida por policías vestidos de civil, que la arrastraron por el pelo y le propinaron violentos golpes con porras en la cabeza, el cuello y la pierna recientemente operada, lo que la obligó a ser hospitalizada en dos ocasiones, una de ellas en urgencias. Ahora , según informaciones procedentes de la prisión de Mechhed, la opositora estaría acusada de “colaboración” con Israel . Se trata de uno de los peores cargos que existen : si se confirmara, podría ser condenada a una larga pena de prisión, o incluso a la pena capital. La abogada Nasrin Sotoudeh, otra figura destacada de la protesta que no pudo acudir a Mechhed, escapando así a una probable detención, ha informado de que le ha sido imposible obtener el escrito de acusación. Por su parte, la fiscalía de Mechhed indicó que habían sido detenidas treinta y nueve personas más —unas cincuenta según la oposición— por “reunión ilegal”, “propaganda” y “conspiración con los enemigos de la República Islámica”. Mientras el régimen da señales cada vez más claras de agotamiento, los acontecimientos de Mechhed también han puesto de manifiesto las divisiones de la oposición . Y es que, mezclados con los activistas de la sociedad civil, varios monárquicos asistieron a la ceremonia del haftom , alegando que el abogado fallecido no era hostil a sus ideas. A partir de ese momento, se corearon consignas como javid shah (viva el sha) y “muerte al dictador”, junto con las de la sociedad civil, en particular la ya famosa “mujer, vida, libertad”. Todo acabó en enfrentamientos y se lanzaron piedras contra Narges Mohammadi. La situación se volvió aún más confusa cuando intervinieron las fuerzas de seguridad. Según Azadeh Kian, los partidarios de Reza Pahlaví, el hijo exiliado del último sha de Irán, se unieron a las decenas de policías para golpear a los demás activistas y ayudar a su detención . “Una vez más, y esto lleva sucediendo desde hace una década, se ha podido observar una colaboración entre los monárquicos y el régimen para impedir que surja una oposición en Irán”, añade la investigadora. “Desde el inicio de la República Islámica”, dice Reza Moini, “se han podido observar manipulaciones del régimen en casi todas las manifestaciones populares. Por ejemplo, personas que se cuelan en las concentraciones para lanzar consignas que borran las verdaderas reivindicaciones de los manifestantes o radicalizan sus demandas . Dicho esto, en Irán hay monárquicos. De hecho, aparecieron por primera vez en Mechhed durante las grandes manifestaciones de 2009”. Al mismo tiempo, el régimen sigue aplicando una política de ejecuciones sin precedentes desde hace muchos años. Según un balance de Amnistía Internacional, publicado en septiembre, desde principios de 2025 han sido ejecutadas más de mil personas y se calcula que hoy en día son mil seiscientas. Traducción de Miguel López