Bajo la sombra latina, Antonio de Nebrija dividió los tiempos verbales castellanos en cinco: pasado no acabado, pasado acabado, pasado más que acabado, presente y, por último, el venidero. También sumó perlas secundarias tan cachondas –ya ven el despiporre que se trae la filología– como ese “tiempo pasado más que acabado por rodeo”, el potencial favorito de incumplidores, arrepentidos, infieles e impuntuales: habría hecho. Sin abandonar El Lacio, recuerda mucho al “si fuera…” de Raffaella Carrá.