Durante años, el éxito ha sido tener ingresos altos, cargos importantes en el trabajo o bienes de lujo . Sin embargo, las nuevas generaciones han redibujado el mapa, primando el equilibrio y el bienestar por encima del estatus y los logros. Un análisis de Upwork refleja que la Generación Z está redefiniendo la fuerza laboral con una visión más flexible y estratégica del trabajo. Casi tres cuartas partes de estos jóvenes (73%) ya trabajan en empresas que contratan freelancers especializados en conocimiento, una cifra muy superior a la de generaciones anteriores. Además, el 65% asegura que en los próximos cinco años usará más trabajadores independientes . No es solo de una preferencia operativa, sino de una forma distinta de entender el talento. El 61% de la Generación Z considera que los freelancers son una palanca muy eficaz para construir reservas de talento , frente al 35% de la Generación X o el 37% de los baby boomers. Es en este nuevo escenario donde mejor encaja la definición de éxito que ofrece el emprendedor y filántropo Pablo Melchor , quien, tras 20 años en el mundo de las startups, decidió redefinir el significado de triunfar, alejándolo del beneficio inmediato y acercándolo al impacto real. «Hay veces que preguntan cómo defino el éxito. Y lo defino como tener un día a día que quieras repetir mañana », afirma en el pódcast 'Tengo un plan'. «Mañana repites un día como hoy y estás a gusto. Eso es éxito», añade el empresario, quien confiesa que hubo un tiempo en el que no se sentía así: «Yo no me veía repitiendo el día a día en el que estaba durante décadas». A este malestar se sumaba un pensamiento que acabó por determinar su forma de actuar. «Tengo una idea que me pesa. Si la vida te ha dado ciertas capacidades ,ya sea dinero, iniciativa, nacer en España… creo que tienes la responsabilidad de utilizarlas bien para el mundo», afirma. Desde esta convicción, comenzó a analizar sus propias capacidades: «No todo el mundo puede emprender, no todo el mundo aguanta la incertidumbre , el esfuerzo que hace falta. Yo podía hacerlo. No todo el mundo puede hablar en público , hay gente que le cuesta muchísimo. Yo podía hacerlo». Con esta información asumida, llegó la siguiente pregunta: «¿A qué lo estaba dedicando? ¿Lo estaba dedicando a algo que de verdad cambia las cosas o lo deja todo más o menos igual?». La respuesta no fue inmediata ni impulsiva: «Decidí parar para ver qué podía aportar al mundo» . Ese ejercicio de pausa lo llevó a investigar qué hacían personas como Bill Gates , empezó a hablar con ONGs , con la Agencia Española de Cooperación , con expertos de distintos ámbitos. Y lo que encontró fue revelador: «Había muchísima insatisfacción , gente con serias dudas de si lo que hacían funcionaba». Pero también descubrió algo que marcaría un antes y un después. «De repente me encuentro con que hay gente en el mundo increíblemente competente que, en lugar de pensar en el siguiente pelotazo, ha decidido utilizar todo su talento para encontrar las mejores formas de ayudar a los demás». Se refiere a investigadores de Oxford, perfiles de Silicon Valley, financieros de grandes fondos. «Gente mucho más lista que yo», admite. «Y están utilizando su poder para mejorar las cosas. Me pareció la bomba », agrega. La siguiente cuestión fue casi inevitable: «Yo, ¿cómo me meto aquí?». De esta nueva pregunta nació la organización sin ánimo de lucro Ayuda Efectiva . Tras sus dos décadas en el sector startup, Melchor aplicó la misma lógica de eficiencia, medición y escalabilidad al ámbito humanitario. De esta forma, Ayuda Efectiva se basa en el «nuevo altruismo» , donde cada euro donado se evalúa por su impacto real, con transparencia y criterios de efectividad comparables a los de cualquier empresa de alto crecimiento.