La razón por la que estos cuatro famosos instrumentos tienen cuatro cuerdas y no necesitan más

Los instrumentos de la familia del violín, como el violín, la viola, el violonchelo y el contrabajo, comparten una característica fundamental: sus cuatro cuerdas. Para analizar su origen y particularidades, la profesora de Viola y agrupaciones musicales del conservatorio profesional de música Manuel Carra de Málaga, Estefanía Guerra, ha explicado en La Noche de Adolfo Arjona, las claves de su diseño y sonoridad. Sin embargo, esta configuración no ha sido siempre la norma. Según Guerra, para entender el diseño actual "debemos considerar la evolución compleja que tuvieron los instrumentos de cuerda a lo largo de los siglos". Los primeros violines, datados en cuadros de 1520, contaban con solo tres cuerdas. No fue hasta 1550 cuando la familia de instrumentos del violín se estandarizó con cuatro cuerdas. La evolución continuó en siglos posteriores. Durante el siglo XIX aparecieron instrumentos experimentales de cinco cuerdas, y en la actualidad, es habitual encontrar contrabajos de cinco cuerdas en las orquestas sinfónicas de todo el mundo, una prueba de que la construcción sigue adaptándose a las necesidades de los intérpretes. A pesar de las variaciones, cuatro cuerdas han demostrado ser más que suficientes. La experta aclara que "la mayoría de los compositores, desde el siglo XVII hasta el siglo XXI, han escrito sus composiciones atendiendo a las características constructivas" de estos instrumentos. El inmenso volumen de piezas compuestas a lo largo de la historia confirma su idoneidad. Todos estos instrumentos se tocan frotando sus cuerdas con un arco, lo que les da el nombre de "cuerda frotada". Guerra señala que esta técnica es la que permite obtener el "timbre característico de esta familia de instrumentos, así como un sonido más resonante y con mayor diversidad de armónicos". Aunque también se pueden tocar pellizcando las cuerdas, el arco es esencial para su sonido distintivo. Otra de sus grandes diferencias respecto a otros instrumentos de mástil, como la guitarra, es la ausencia de trastes. Esta característica permite "obtener un mayor número de notas afinando con la mínima distancia entre los dedos", algo imposible si la distancia estuviera limitada por un traste. Según la profesora, esto también facilita que los dedos "se muevan con mayor velocidad por el mástil". Al hablar de instrumentos de cuerda de gran valor, el nombre de Stradivarius es ineludible. Guerra matiza que no se trata de una marca, "sino el apellido de un famoso constructor de instrumentos de cuerda de Cremona, Italia, llamado Antonio Stradivarius". El valor y la mística de sus creaciones residen en varios factores clave. Lo que hace especiales a estos instrumentos es que "son pocos los que se conservan hoy en día, alrededor de unos 600 de los más de 2.000 que dicen que construyó". Además, son piezas únicas y muy bien construidas, ya que el lutier "experimentó mucho con los tipos de maderas, con los espesores de las mismas y haciendo muchos moldes distintos", lo que les confiere un timbre sonoro muy particular y apreciado.