Ya estamos otra vez en un año electoral. Comenzaremos otra vez –en realidad, ya hemos comenzado– a escuchar que la incertidumbre electoral bajará la velocidad de la economía y, en particular, de la inversión privada. Los inversionistas, naturalmente, se vuelven más cautos, a la espera de ver qué nos depara el destino para los próximos cinco años. Lo que haga o deje de hacer el próximo gobierno podría ser determinante para la recuperación del capital invertido. Suena muy lógico, por supuesto, pero no es lo que dicen las cifras.