El volcán Etna ha vuelto a recordar por qué es uno de los sistemas volcánicos más vigilados del planeta. En la madrugada de este 31 de diciembre, una nueva boca eruptiva se abrió de forma repentina en el flanco oriental del volcán, a una altitud inferior a los 2.000 metros. Desde ese punto, una colada de lava bien alimentada comenzó a descender con claridad hacia cotas más bajas, siendo visible desde numerosas poblaciones del este de Sicilia.