Con tres décadas de trabajo a sus espaldas en el campo de A Limia (Ourense), el agricultor Javier Losada ha visto una transformación radical en su profesión. Sin embargo, el cambio más drástico es el actual, que le ha llevado a protestar junto a sus compañeros por una situación que considera insostenible: la venta de sus productos por debajo de lo que cuesta producirlos. La principal reivindicación se centra en la cadena alimentaria. Javier denuncia que, aunque existe una ley que prohíbe vender por debajo de los costes de producción, esta no se está aplicando. "Tenemos unos costes de producción de veinte y pico céntimos y estamos vendiendo a 13 o 14 céntimos", explica. Esta diferencia, subraya, "va a crear un agujero en el bolsillo bastante grande", especialmente para las grandes explotaciones. En este contexto, la calidad diferenciada de la patata de A Limia es lo que "nos está librando un poco de la quema", admite. Sin embargo, ni siquiera eso es suficiente. Una patata de la variedad agria de Xinzo "se está pagando un 50 % por debajo de los costes de producción", lamenta, mientras afrontan la competencia de producto de otros países como Francia, "mucho más tiradas de precio". Para Javier, si la situación no cambia, seguir viviendo del campo será "totalmente imposible". El desánimo es tal que, cuando su hijo mayor decidió estudiar para ser agrónomo, pensó "que se estaba equivocando". El sentir general es de abandono, como resume el propio agricultor: "Esto no puede ser, el campo no se puede abandonar. Pero es que no es que no se pueda abandonar, es que tenemos que dedicarnos a otra cosa porque en el momento que esto no coge otro camino…". A la venta a pérdidas se suman unos costes de producción disparados. El gasto más elevado, según detalla, es el de la semilla, cuyo precio se ha vuelto "desorbitado". Javier atribuye esta subida a que los productores de semilla en Europa "se pasaron a producir para la industria" de patatas fritas, lo que ha derivado en una gran escasez de semilla para siembra. En medio del descontento, Javier se muestra "sorprendido" por el cálido recibimiento que las protestas están teniendo en la ciudad de Ourense. "Nunca pensamos que la ciudad nos iba a apoyar como nos estaba apoyando", confiesa. Afirma que el apoyo de la gente es "increíble" a pesar de las molestias que puedan ocasionar, e insiste: "Tratamos de reivindicarnos, no de molestar". Este respaldo ciudadano da fuerza a un movimiento que se define por ser asambleario y no tener "ni sindicatos ni cabezas visibles". Tras una respuesta de la administración que "no nos gustó", los agricultores están "muy animados" y "más que nunca" para seguir con las movilizaciones. Planean continuar con las tractoradas durante la semana si no obtienen una solución a sus demandas.