Es cierto, como sugiere Pía Ogea en su texto, que en el gran 'collage' 'Cuerpos-carne (Guerra)' hay ecos del 'Guernica', lo cual nos sugiere una lectura de la obra picassiana atendiendo a su dimensión deconstructiva ('avant la lettre'), lo cual no es poco. Rosalía Banet (1972), conocida por sus dibujos e instalaciones, y collagista eficiente, es una de esas artistas –de nuevo recuerdo la rotunda cita cacereña de Hirschhorn, otro maestro en el manejo de materiales humildes– que buscan desgajar el arte de la ampulosidad y el fetichismo; la única forma, ya, de entregárselo a la gente –como quiso toda la vanguardia– y de volverlo útil para la vida. En 'Life after Love', su tercera individual en Twin Gallery, sigue fiel a su crítica, que en la mayor parte de su obra no está exenta de cierto humor, de las derivas de la civilización contemporánea –en particular, el consumismo o la alimentación, a las que ha dedicado sus piezas más celebradas–, centrándose esta vez en fenómenos como la guerra o la relación cada vez más conflictiva con el cuerpo. Estos cuerpos desguazados, cabezas, torsos y miembros que recorta sobre cartulinas o fieltros y luego reordena de forma más o menos azarosa, invitan pues, dice Ogea, a «poner el foco sobre nuestro cuerpo y repensarlo de forma poética», pero también a «conectar con los juegos de la infancia o el pensamiento automático, dejándonos llevar por una pulsión creativa». Todo ello, empleando tácticas sencillas y atractivas, que tal vez sea exactamente lo que hay que hacer en un sistema colapsado.