Pasar gran parte del día sentado se ha convertido en una constante silenciosa de la vida moderna. Trabajo frente a pantallas, desplazamientos largos y ocio digital han hecho del sedentarismo uno de los principales riesgos de salud del siglo XXI. Aunque moverse más sigue siendo la recomendación clave, la ciencia empieza a señalar que lo que comemos también puede marcar la diferencia, especialmente en la salud cardiovascular.