Dinamarca ha anunciado el fin del reparto de cartas físicas por parte de su empresa pública de correos, poniendo un punto final a más de 400 años de correo tradicional. El motivo es la digitalización de las comunicaciones, y es que el envío de correspondencia ha experimentado una caída del 90% en las últimas dos décadas. Mientras el gobierno danés asegura que la transición no generará grandes problemas, diversas asociaciones de personas mayores y colectivos vulnerables del mundo rural han levantado la voz de alarma ante una realidad que amenaza con dejar atrás a quienes no pueden, no saben o no quieren vivir exclusivamente a través de una pantalla. Algo que sucede también en Euskadi, como detalla a COPE Euskadi Idoia, cartera en Alegría de Oria, Guipúzcoa. En los pueblos, explica, el trabajo de un cartero implica una cercanía y una labor de conciliación que va más allá de la entrega de correspondencia a un buzón, comenta sobre su rutina, lo que incluye llamar por teléfono a los vecinos para coordinar la entrega de paquetes. Esta atención personalizada es fundamental para una población donde muchos, sobre todo los mayores, no tienen la facilidad de desplazarse a una oficina. "Aquí pasar por la oficina implica que tienes que marear al abuelo que igual no sabe a qué va", señala. La solución es un servicio casi puerta a puerta, un gesto que la comunidad valora enormemente. "Es más práctico llamar por teléfono y decir, voy a ir a tal hora, para que estén pendiente. Y te salen los abuelos, además, encantados de que les lleves las cartas hasta casa", relata. El agradecimiento de la gente es la mayor recompensa a este servicio que, en el fondo, es un pilar contra la soledad y el aislamiento. El trabajo del cartero rural se convierte en un acto de conexión humana. "Ellos te lo agradecen con una sonrisa, con un buenos días, y eso es una maravilla", afirma Idoia. Esta cercanía, esa charla ocasional, es una parte intrínseca de un oficio que reparte información, pero también compañía. Ante la hipotética desaparición del servicio postal en España, como ocurrirá en Dinamarca, los sentimientos son encontrados. Idoia reconoce con sinceridad que, en picos de trabajo como la Navidad, la reducción del correo ordinario podría suponer "un alivio". Sin embargo, esa sensación es efímera frente a la importancia del servicio durante el resto del año. El correo físico sigue siendo una garantía para muchas personas, especialmente para quienes no tienen acceso o conocimientos digitales, y que están esperando, por ejemplo, un informe médico, "porque no entienden lo que les ha llegado al hijo a su email", ejemplifica. La brecha digital no es solo una cuestión de edad, sino también de acceso y de costumbre. "No es gente mayor que no entiendan el email, es que no tienen", matiza la cartera. Para estas personas, la carta en papel es la certeza de recibir una notificación importante, ya sea del banco o de la administración, y poder "leer tranquilamente y a su ritmo". Por ello, a pesar de los "disgustos de las multas", la experiencia general es positiva. "El reparto de ordinario es muy agradable, por lo menos para mí", confiesa.