El futuro se complica para los jóvenes en Canarias: "Queremos trabajar en nuestra tierra, pero las condiciones laborales son mejores fuera"

Un panorama desolador se cierne sobre la juventud de Canarias. Un apabullante 86% de los jóvenes canarios cree que se verá obligado a emigrar por la falta de oportunidades. Esta es una de las conclusiones más alarmantes del Sociobarómetro Juvenil 2025, un estudio elaborado por la Fundación Canaria Tamaimos que dibuja el retrato de una generación que se siente polarizada, desencantada y con un profundo malestar hacia las instituciones. Los datos revelan una desconexión profunda: mientras existe un fuerte sentimiento de identidad, con más de un 57% que se identifica primordialmente como canario, la realidad práctica les condena a buscar un porvenir lejos de casa. La percepción de las islas como una tierra sin futuro es demoledora. El estudio indica que solo un 19% de los jóvenes cree que encontrará trabajo fácilmente en el archipiélago. Este sentir no es una estadística abstracta, sino una realidad palpable para los estudiantes que están a las puertas del mercado laboral, y que hoy hemos analizado en Herrera en COPE Tenerife. Tatiana, que está finalizando su grado en Administración y Dirección de Empresas en Tenerife, ya tiene planes de marcharse. "Tengo planeado irme a la península, a Madrid, a hacer un máster, y evidentemente, con mi carrera, yo creo que hay muchas más oportunidades en la península", admite. Aunque preferiría construir su vida en Canarias, la falta de perspectivas convierte la emigración en un destino casi inevitable. "No veo tan loco tener que irme fuera", reflexiona Tatiana, encapsulando el sentir de muchos de sus compañeros. Este dilema también lo vive Claudia, una joven de 20 años estudiante de Matemáticas en la Universidad de La Laguna. Si bien su carrera tiene una alta demanda, reconoce que las mejores oportunidades pueden estar fuera de las islas. Claudia, estudiante de matemáticas en la Universidad de La Laguna,  explica que, si bien una carrera en la docencia podría permitirle quedarse, otros caminos son más complejos. "La investigación, que hay poquitas oportunidades de investigación en Canarias, y la empresa privadam sobre todo las tecnológicas, tienen mejores salarios en la península que aquí", detalla. Esta disyuntiva entre quedarse por menos o marcharse por más es una constante para la nueva generación de profesionales. Su deseo principal es claro: "mi idea sería quedarme aquí, si se pudiera", un anhelo que choca con las limitaciones estructurales de la economía insular. Quizás uno de los casos más llamativos es el de Juanma, estudiante de Medicina. En un contexto en el que los sindicatos médicos en Canarias claman por tener mejores condiciones salariales y laborales en la sanidad pública, su futuro también es incierto. Es consciente de los "problemas de regulación de todo, de los contratos, sobre todo". Juanma  no ve la posibilidad de marcharse fuera  para formarse como el problema, ya que "enriquece muchísimo". El verdadero drama, según afirma con contundencia, es "no poder quedarse". Juanma no dudaría en aceptar una oferta mejor en la península. A la pregunta de si ante una oferta con más dinero y estabilidad en otra comunidad optaría por irse de las islas, su respuesta es un lógico, aunque doloroso, "claro". Como sus compañeras, su primera opción es permanecer en su isla, pero concluye que, en última instancia, el mercado laboral es el que mandará. Este pragmatismo forzoso revela a una generación que ha tenido que rebajar sus expectativas y prepararse para una vida que no eligió en un principio. Más allá del mercado de trabajo, otro gran muro que se interpone en el proyecto vital de los jóvenes es el acceso a la vivienda. El Sociobarómetro desvela que solo un exiguo 13% cree que podrá independizarse de sus padres. Esta lucha cotidiana es algo que Tatiana siente de forma aguda, hasta el punto de confesar que "es algo que me preocupa diariamente y lo pienso diariamente". El alto coste de la vida convierte el sueño de un hogar propio en un laberinto. Tatiana describe con lucidez el círculo vicioso en el que se ven envueltos muchos jóvenes. "Me parece súper complicado compaginar el pago de un alquiler con el ahorrar para poder comprar una vivienda", explica. La necesidad de pagar un alquiler si se independizan, ya sea en las islas o fuera, consume gran parte de un posible sueldo, haciendo del ahorro una tarea casi imposible. Esto genera la paradoja de que quedarse en el hogar paterno es la única opción viable para ahorrar, retrasando aún más la emancipación. "Si tienes que vivir de alquiler, creo que se alarga muchísimo el momento en que te toca comprar una vivienda", lamenta, calificando la situación de bucle contradictorio. Para Juanma, que se encuentra en mitad de su larga carrera de Medicina, el problema es tan abrumador que su mecanismo de defensa es la evitación. "Prefiero ni pensarlo", admite, para después añadir con humor negro que, cuando llegue el momento, "me voy a reír después... por no llorar". Este sentir lo comparte Claudia, quien, a pesar de sentir el problema menos inmediato, reconoce su magnitud con solo mirar alrededor. Señala que con los sueldos actuales, "al final se te va más de la mitad de tu sueldo en pagar un alquiler". Eso sí, los tres denuncian la injusticia de esta situación. "Hombre, pues yo creo que sí, yo creo que si le preguntas a cualquier joven, ahora mismo te diría que sí, que sí es injusto", afirma Tatiana, quien además vincula la crisis habitacional al modelo turístico imperante. "Creo que también hay muchas viviendas que se destinan al alquiler turístico y eso también nos quita un poco de oportunidades", apunta. Claudia refuerza esta idea con la experiencia de su hermana mayor y su círculo de amigos, donde la emancipación es la excepción y no la norma. "La mayoría de su círculo está fuera, y eso también refleja lo que venimos hablando", concluye. Este malestar de fondo tiene consecuencias que traspasan lo económico, erosionando la confianza en el propio sistema. Otro de los datos impactantes del estudio es que solo el 49% de los jóvenes considera que la democracia es el mejor sistema político. Según Lautaro Ruso, director del estudio, esto es consecuencia directa de un "pacto social roto". Argumenta que "si los jóvenes ven que la democracia o las políticas y sistemas democráticos en Canarias no son capaces de ofrecer soluciones reales a sus problemas, el siguiente paso para ellos es preguntarse, entonces, por qué tengo yo que apoyarlos". Dicho desencanto se manifiesta también en una preocupante normalización de las malas prácticas políticas. Según el estudio, menos de la mitad de los encuestados dejaría de apoyar a un partido político por cometer actos ilícitos. Ruso achaca este hecho a la "erosión del sistema democrático" y a décadas de observar una corrupción impune. "Han sido las instituciones las que han normalizado la corrupción y la ilegalidad, y esa, pues, se ha trasladado a la percepción de los jóvenes", sentencia. En este caldo de cultivo de frustración, los discursos radicales se abren paso. Ruso advierte que uno de cada tres jóvenes ha interiorizado postulados radicalizados, siendo el principal vector de radicalización la antimigración. Esta narrativa encuentra un terreno fértil en la precariedad económica, culpando a las personas migrantes de la falta de trabajo y la saturación de los servicios sociales. Un discurso que, de forma alarmante, se ha vuelto "prácticamente mayoritario" y está incluso "calando en sectores progresistas", según el experto. Ante esta realidad, los propios estudiantes sienten la necesidad de pasar a la acción. Juanma es tajante: "Si nosotros los estudiantes no nos posicionamos y no nos manifestamos, lo que sea, esto va a seguir así". Sin embargo, Claudia señala un obstáculo importante para la acción colectiva: "mucha gente no se da cuenta hasta que no le toca vivirlo en carne propia". Esta falta de conciencia podría dificultar la movilización de una generación que se siente injustamente tratada.