Vivimos en la época más visual de la historia. Prácticamente no hay lugar en el mundo en el que no haya una cámara apuntando a alguien o a algo, y no hay casi persona en el planeta que no haga fotos o vídeos. Ya no hablemos de la ingente cantidad de datos en forma de imágenes a las que estamos expuestos a diario. Y a pesar de todo, probablemente no sabemos muy bien qué hacemos cuando apuntamos nuestro objetivo a lo que sea. Movidos por una mezcla de instinto y educación audiovisual autodidacta (muchos acostumbrados a ver la realidad a través de Tik Tok, Instagram o YouTube), básicamente hacemos lo que podemos.