Con la misma curiosidad con la que esperaba este año el vestido de la Pedroche (ninguna) o la canción nueva de La Oreja de Van Gogh (idem), esperaba la ya clásica edición navideña de Cachitos de hierro y cromo. La falta de expectativas se debía a mi previsión prejuiciada: faldones con chistes cada vez más malos sobre fragmentos de actuaciones musicales cada vez más vistas. Me hacía mucha gracia en sus comienzos, cuando los comentarios eran ingeniosas coñas con referencias populares y de actualidad combinadas con crítica mordaz y bien traída al poder sobre fondo de archivo de RTVE. Nostalgia y mala leche, una buena fórmula. Empecé a perder interés cuando el cambio de gobierno no supuso que cambiara también... Ver Más