La iglesia mudéjar de España que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad

El templo que se levantó sobre un castillo y resume siglos de convivencia cultural Los monumentos aragoneses que aspiran a convertirse en Patrimonio de la Humanidad Hay monumentos que no se entienden de un vistazo. No porque sean grandiosos o espectaculares, sino porque desconciertan. En lo alto de un cerro rojizo, en un pequeño pueblo de Zaragoza, Cervera de la Cañada, una iglesia parece brotar directamente de un castillo medieval. No se apoyan el uno en el otro: se funden. Y esa extraña convivencia de piedra defensiva y ladrillo espiritual no es casual. Estamos ante la Iglesia de Santa Tecla , uno de los ejemplos más singulares del mudéjar aragonés, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO como parte del conjunto del arte mudéjar de Aragón. Aragón, tierra mudéjar por excelencia Para entender esta iglesia hay que mirar el mapa con calma. Aragón es el territorio donde el mudéjar no fue una excepción, sino una norma prolongada en el tiempo. Tras la conquista cristiana, muchos alarifes musulmanes permanecieron en estas tierras y siguieron construyendo iglesias, torres y palacios con sus técnicas, materiales y formas. De ese diálogo entre culturas nació un lenguaje arquitectónico único, tan reconocible como difícil de clasificar. Ladrillo en lugar de piedra, cerámica vidriada, motivos geométricos, austeridad exterior y sorpresa interior. Todo eso está aquí, concentrado en un edificio que no pretende deslumbrar desde lejos, pero que deja huella. Una iglesia… con alma de fortaleza La Iglesia de Santa Tecla no es grande ni monumental en el sentido clásico. Lo que llama la atención es su emplazamiento : está construida literalmente sobre los restos de un castillo medieval, como si el templo hubiera heredado su función de vigía del territorio. Su aspecto exterior es sobrio, casi militar. Muros compactos, pocas concesiones decorativas, una torre que parece más defensiva que litúrgica. Forma parte de esa estirpe de iglesias-fortaleza tan características del entorno de Calatayud, donde el culto y la protección iban de la mano. Desde fuera, no promete demasiado. Y quizá por eso sorprende tanto cuando se cruza la puerta. Un interior que cuenta otra historia Dentro, el tono cambia por completo. La única nave se cubre con bóvedas nervadas decoradas con agramilados, rosetones en forma de flor y motivos que parecen sacados de un bestiario medieval. Aparecen incluso figuras de dragones negros, discretos pero inquietantes, que rompen con cualquier idea de simplicidad. Es el mudéjar en estado puro: técnica islámica aplicada a un templo cristiano, belleza geométrica al servicio del simbolismo religioso. Un espacio que no abruma por tamaño, sino por delicadeza y coherencia. Firmada por un maestro mudéjar Pocas iglesias medievales pueden presumir de conservar tanta información sobre su origen. En Santa Tecla hay inscripciones que permiten ponerle nombre y fecha a su construcción. Sabemos que fue levantada en el siglo XIV y finalizada en 1426, en pleno auge del gótico europeo. También sabemos quién fue su artífice: Mahoma Rami , un maestro de obras mudéjar que trabajó para grandes promotores y fue incluso el albañil de confianza del Papa Luna. Un detalle que resume bien aquella época: un artesano musulmán construyendo para la Iglesia cristiana en la Europa medieval.