La decoración de interiores ya no es solo una cuestión estética. Cada vez más expertos coinciden en que la forma en la que organizamos y vestimos nuestro hogar influye directamente en nuestro bienestar físico y emocional. Colores, luz, orden y materiales pueden ayudarnos a descansar mejor… o todo lo contrario. Así lo explica la arquitecta Zahira Cury, que alerta de un problema muy común en los hogares actuales y propone una solución sencilla y al alcance de todos. “El desorden inconsciente en una habitación eleva el cortisol y dificulta el descanso sin que te des cuenta”, advierte Zahira Cury, arquitecta especializada en diseño emocional. Según explica, muchas viviendas modernas generan estrés sin que sus habitantes sean plenamente conscientes de ello. La experta señala que nuestras casas “se han vuelto cada vez más frías, enfermas y sin conexión”, especialmente por la falta de luz natural, la reducción del tamaño de las ventanas y la acumulación de estímulos visuales innecesarios. Todo eso afecta al sistema nervioso y se traduce en cansancio mental, dificultad para relajarse y peor calidad del sueño. Uno de los principales problemas de las viviendas actuales es la falta de profundidad visual. “La mirada necesita proyectarse”, explica Cury. Cuando todo queda encerrado entre paredes, el espacio se vuelve estático y la mente lo acusa. La solución, según la arquitecta, no pasa por grandes reformas, sino por introducir lo que ella llama “paisaje interior”. “Colocar una obra de arte con horizonte o fuga visual puede cambiar por completo la sensación del lugar”, señala. Paisajes de montañas, caminos, playas o cielos amplios ayudan al cerebro a interpretar el espacio como más grande y libre, incluso en habitaciones pequeñas o sin ventanas. Aquí es donde Zahira Cury pone el foco en una recomendación concreta: instalar una pieza decorativa con profundidad visual. “Un cuadro grande con perspectiva, un mural panorámico o incluso una fotografía en blanco y negro de un paisaje puede convertirse en la ventana que el espacio no tiene”, afirma. Esta pieza no solo decora, sino que actúa como una vía de escape visual que reduce el estrés y favorece el descanso. Especialmente en el dormitorio, donde el objetivo principal es desconectar, esta elección puede marcar la diferencia. Más allá de lo que se ve a simple vista, la arquitecta insiste en cuidar los pequeños detalles que generan lo que denomina “microestrés visual”. “Un cable colgando, una puerta que no cierra bien o una regleta a la vista generan ruido constante que el cuerpo registra”, explica. Ese desorden aparentemente menor eleva el cortisol, la hormona del estrés, y dificulta el descanso mental. Por eso recomienda muebles con puertas, objetos seleccionados con intención y espacios que “dejen respirar a la vista”. Cury también destaca la importancia de las texturas suaves, los materiales naturales y los acabados mates. “Las superficies agradables activan el sistema límbico y generan una sensación inmediata de calma y refugio”, señala. Alfombras mullidas, mantas de lana o lino y tejidos naturales ayudan al cuerpo a relajarse sin esfuerzo. La naturaleza juega un papel clave. “Incluir elementos naturales reduce el cortisol y mejora el estado de ánimo”, explica, recomendando plantas de hojas redondeadas en zonas de descanso. Incluso, en casos extremos, admite que las plantas artificiales bien elegidas pueden ayudar. El mensaje de Zahira Cury es claro: no se trata de decorar más, sino de decorar mejor. Crear profundidad visual, reducir el desorden inconsciente y elegir piezas que conecten con la calma puede transformar una casa estresante en un refugio. Porque, como recuerda la arquitecta, “cuando el entorno no exige esfuerzo para ser entendido, la mente descansa”. Y a veces, todo empieza con una sola pieza bien elegida en la pared.