No todo es la Alhambra: el rincón secreto del Albaicín con las mejores vistas al amanecer nevado de Sierra Nevada

Ya sea porque vive en Granada o porque ha venido a visitarla, quien más y quien menos tiene guardada en su retina una imagen despampanante del conjunto monumental de la Alhambra, ya sea tomada en el Paseo de los Tristes –o sea, desde abajo- en algún lugar de la Cuesta del Chapiz, en el famosísimo mirador de San Nicolás, con la Sierra Nevada haciendo honor a su nombre como complemento muy favorecedor… Bien, pues ha llegado el momento de doblar la apuesta: en Granada existe la posibilidad de ver la Alhambra desde arriba, en todo su esplendor. Y por supuesto también la nieve que tiene cerquita, y de paso, la ciudad que le sirve de hermosa alfombra. Todo eso se puede sintetizar en una sola imagen. Lo que pasa es que, como los lugares donde se da esa circunstancia se encuentran (un poco) alejados de los circuitos turísticos, no están tan concurridos. Lo cual, bien mirado, es otra ventaja . No es cuestión de desvelar todos los sitios donde esa estampa se puede contemplar y, por supuesto, también inmortalizar en una foto, pero uno de ellos es el mirador de San Miguel Alto . Llamado así por dos motivos: porque está bien alto, a 850 metros de altitud, y porque también hay una plaza de San Miguel en el barrio del Albaicín, que llaman San Miguel bajo. Viene a suponer el límite entre el barrio del Albaicín y el del Sacromonte y corona una colina de la que sobresalen un centenar de cuevas excavadas en la roca, algunas centenarias. Llegar hasta arriba del todo serpenteando entre esas cuevas es una experiencia magnífica, aunque requiere un poco de esfuerzo porque la cuesta es de las empinadas. Una alternativa es pillar el autobús que lleva hasta Haza Grande , que deja muy cerca, pero eso impide hacerse una idea más aproximada de la historia de ese mirador, que comenzó en la época nazarí, la de más esplendor durante el dominio musulmán. Esa parte de la muralla estaba coronada por la Torre del Aceituno, que se perdió como otras muchas cosas cuando llegaron los cristianos. Sobre ella se construyó la ermita de San Miguel en el siglo XVII. Fue después de que, en 1629, en un invierno desapacible y muy tormentoso, la zona quedó casi despoblada y a ese cerro que está a sus pies le llamaron el de los Diablos, porque pensaban que estaba maldito . Poco después, desafiando a esa maldición, empezaron a hacerse cuevas allí. Arriba se situó la ermita, que en realidad no tiene demasiados atractivos desde el punto de vista arquitectónico. Y además, fue destruida durante la invasión napoleónica y reconstruida sin mayor intención de embellecerla. En la actualidad está cerrada al público y su interés se centra en la plataforma o rellano que tiene justo a su entrada. Allí el visitante se puede sentar con los pies colgando y, a partir de ahí, esperar acontecimientos. Disfrutable a cualquier hora del día, tiene un atractivo aún más especial cuando llega el atardecer. Pese a lo que dijera Bill Clinton , el de allí es mucho más completo que el que se divisa desde San Nicolás y se disfruta durante tanto tiempo como el de otros puntos más infravalorados pero ciertamente espectaculares, como el Carril de la Lona. En San Miguel Alto, los atardeceres parecen eternos. Y aun así, cuando el sol finalmente se pone, da rabia porque se ha acabado algo mágico. Por idénticos motivos, es más que recomendable acercarse al mirador antes de que despunte el día. El amanecer, desde allí, es sencillamente inolvidable y tiene la ventaja añadida de que a esa hora el viajero no se va a encontrar la muchedumbre que probablemente sí esté a última hora de la tarde. Disfrutar de los primeros rayos de sol sobre la Alhambra y Sierra Nevada no tiene precio. Parece un tópico, pero quien haya estado, sabe que es la pura realidad. No sólo es posible verle la coronilla a la Alhambra , algo imposible, por razones obvias, en otros puntos más bajos de Granada. También se divisa perfectamente el Albaicín, se otea, mirando a la izquierda, el Sacromonte, abajo están la catedral y otros monumentos y, al fondo del todo, la Vega, jalonada de pequeños pueblos que han ido uniéndose a la capital gradualmente. Si alguien que haya conocido a Granada y tenga todavía dudas sobre su extraordinaria belleza, subir al mirador de San Miguel Alto va a servir para disiparlas.