Luz P. T. ha perdido el brillo y la alegría que la caracteriza. Su rostro hinchado, amoratado y sangrante es el reflejo de la brutal golpiza que le propinó su pareja David Ochochoque Condori, de 37 años, de quien tuvo que huir lanzándose del taxi en el que se encontraban para evitar que aquellas manos pudieran haberle causado algo mucho más grave que las lesiones que hoy son atendidas por los médicos del hospital Honorio Delgado Espinoza.