Aguilar de la Frontera volvió a demostrar que la Navidad, cuando se comparte, sabe mejor. La tarde del 2 de enero quedó grabada en la memoria colectiva del municipio como una de esas jornadas en las que el tiempo parece detenerse y todo cobra sentido alrededor de la ilusión, la familia y la cooperación. A los pies de la Torre del Reloj, entre luces, villancicos y sonrisas, el Segundo Gran Roscón de Reyes Solidario se convirtió en algo más que un evento: fue un punto de encuentro intergeneracional, un abrazo colectivo en forma de tradición reinventada.