Un infierno en llamas acaba con Carmen y sus dos hijos en Carabanchel

Han pasado diez horas, pero el intenso olor a quemado y a humo, negro como el luto, no se ha ido de la pequeña urbanización donde ayer murieron Carmen y sus dos hijos, Carmen y Agustín, de 56 y 66, en el distrito de Carabanchel. Noventa años tirando del carro, con un varón con discapacidad intelectual, para acabar entre llamas. Su piso ardió como una tea y las llamas se los han llevado por delante, para siempre. La Policía Científica investiga las causas. Las primeras hipótesis apuntan a un fallo eléctrico en un aparato del salón, que fue la estancia que quedó peor parada de la vivienda, explican fuentes del caso. No está claro si fue algún electrodoméstico o las luces de Navidad. El número 3 de la calle de Moreno, unos bloques en torno a una plaza interior común del año 2003, dormía con aparente tranquilidad tras un inicio de año frío cuando el humo empezó a invadirlo todo. «Yo estaba en la cama sobre las dos y me desperté con todo lleno de humareda; pensé primero que era neblina», explica el colombiano Albeiro Cruz, peón de obra de 37 años. Reside con otros tres compatriotas en el ático que está justo encima del piso devastado. Explica su vivencia en la acera de enfrente del edificio, arrecido de frío, aún con el pijama azul de felpa, un gorro de lana y los pies metidos en unos calcetines y unas chanclas. Lleva así diez horas, al raso, sabiéndose privilegiado por no haber acabado muerto, como sus vecinos. Por su teléfono móvil envía imágenes de la zona y tranquiliza a sus allegados. «Los conocía de vista, llevo dos años aquí, eran unos ancianitos muy agradables», recuerda sobre las víctimas. La temeridad que da el instinto, le llevó a él y a sus compañeros a abandonar por sus propios pies el edificio, «en el ascensor»: «No sé ni cómo es que funcionaba aún; fuimos los últimos vecinos en llegar a la calle». Mientras habla, el Grupo de Delitos Violentos de la Policía Científica de Madrid (DEVI) acaba de regresar al escenario, en busca de vestigios que aclaren lo sucedido. Hasta siete dotaciones del Parque 12 de Bomberos del Ayuntamiento trabajaron en el suceso, con la dificultad añadida de que la casa estaba cerrada por dentro con una puerta especial blindada, por lo que tuvieron que tirarla abajo, no sin cierta dificultad, informa Emergencias Madrid. Los técnicos destacaron la «virulencia» del incendio, que llegó a romper la fachada del domicilio, en la tercera planta e inmediatamente inferior a dos áticos. Algunas personas de las viviendas colindantes tuvieron que ser también atendidas por intoxicación leve de humo y evacuados por los servicios de emergencia. Por suerte, el fuego no se trasladó al resto. Los dos hermanos fallecieron ahogados en el cuarto de baño, a donde se refugiaron buscando poder respirar, con toallas mojadas. Sus cuerpos seguían abrazados cuando los expertos en extinción de incendios los hallaron. Luego, dieron con Carmen: la madre, pereció quemada en la cama de su dormitorio, donde dormía. Otro vecino que tenía bastante trato con ellos desde hacía 22 años se mostraba apesadumbrado y hablaba con los agentes, para saber qué trámites debía seguir en comisaría. Desde las ventanas de enfrente, los residentes de la calle que hace esquina con la de María Lejárraga miraban incrédulos el trabajo policial. Los patrulleros del Grupo de Atención al Ciudadano (GAC) solo permitían el acceso al bloque a los inquilinos. Al menos 19 personas han fallecido por incendios en viviendas desde el pasado 24 de diciembre: hay cinco fallecidos en Andalucía, tres en Galicia y Madrid, dos en Canarias, Extremadura y Comunidad Valenciana y uno en Castilla-La Mancha y Cataluña.