Viena resume todo aquello a lo que el ser humano puede aspirar. Es el epicentro de la civilización, la sublimación de lo que está a nuestro alcance y un milagro formal de una belleza difícilmente asumible. Tanto, que corres el riesgo de desensibilizarte y comenzar a caminar delante de fachadas de palacios como si fueran franquicias de yogures helados. En ningún otro lugar vi un número tan extraordinario de iglesias barrocas, quizá Sevilla, puede que Roma. De hecho, las tres son mis ciudades favoritas y, aunque no tengan nada que ver entre ellas, están unidas por la grandiosidad de un imperio, por el esplendor formal y por el catolicismo, tres aspectos que un castellano de Valladolid considera tan propios y... Ver Más