Confirmado: Toumaï, nuestro primer antepasado, ya caminaba erguido hace casi siete millones de años

En julio de 2001, un equipo de científicos de la Universidad de Poitiers tropezó, en pleno desierto de Djurab, en Chad, con algo que no debería haber estado allí. Un cráneo deformado y casi completo que asomaba entre la arena, el resto fósil de un antiquísimo antepasado nuestro que estaba a punto de dinamitar todo lo que creíamos saber sobre nuestros orígenes. Lo llamaron Toumaï ('Esperanza de vida' en el idioma local dazaga), pero la ciencia lo registró como Sahelanthropus tchadensis . Con una antigüedad de entre 6 y 7 millones de años, el fósil no solo es el hominino más antiguo jamás encontrado, sino que se ha convertido también en uno de los más polémicos. Hasta ese momento, la teoría predominante era la llamada 'East Side Story': la idea de que la humanidad nació justo en ese periodo, pero exclusivamente en el Valle del Rift, en África Oriental, tras la formación de una barrera geológica que separó a los ancestros de los humanos de los chimpancés. Pero Toumaï estaba muy lejos de allí, en África Central, a 2.500 kilómetros al oeste del Rift. Además, tenía una desconcertante mezcla de rasgos: poseía el cerebro de un simio, pero con un rostro humano, más parecido al de ancestros mucho más recientes. Uno de los rasgos que más diferencia a un simio de un ancestro humano es la bipedestación, es decir, la capacidad de caminar erguido sobre las dos piernas. Y la primera teoría señalaba que Toumaï era 'uno de los nuestros' basándose en la posición del foramen magnum (el hueco en la base del cráneo por donde se conecta la columna). Al estar situado hacia abajo y no hacia atrás, sugería que Toumaï mantenía la cabeza erguida sobre un cuerpo vertical. Sin embargo, la comunidad científica no tardó en dividirse. Voces críticas, como la del antropólogo Milford Wolpoff, sugirieron que Sahelanthropus podría ser simplemente un antepasado de los gorilas, o un simio extinguido sin relación directa con nosotros. Los escépticos, sencillamente, consideraban que no había pruebas suficientes para decir que era un hominino. La cosa se complicó aún más con el estudio tardío de un fémur, hallado también en 2001 junto al cráneo pero que permaneció en el limbo científico durante casi dos décadas. Hubo que esperar hasta 2022 para que el estudio detallado de ese hueso, (y de dos cúbitos del antebrazo) fuera finalmente publicado. Y, una vez más, los resultados fueron contradictorios. El fémur, de hecho, sugería que Toumaï podía caminar erguido, confirmando así su estatus de homínino; pero los huesos de los brazos indicaban claramente que pasaba gran parte de su tiempo trepando por los árboles. Un explorador híbrido que andaba, pero que al mismo tiempo se negaba a abandonar la seguridad de las ramas altas. Hoy, Sahelanthropus tchadensis ocupa un lugar privilegiado en las vitrinas de la paleontología, pero su verdadera identidad sigue bajo la lupa. Ahora, un nuevo análisis realizado por un equipo de antropólogos bajo la dirección de Scott Williams, de la Universidad de Nueva York, acaba de ofrecer las primeras pruebas contundentes de que Sahelanthropus tchadensis era, efectivamente, bípedo. El nuevo estudio se acaba de publicar en ' Science Advances '. Utilizando tecnología 3D junto a otros métodos de análisis, el equipo logró identificar en el fémur de Toumaï una característica que es exclusiva de los bípedos: el tubérculo femoral, que es el punto de unión del ligamento más grande y potente del cuerpo humano (el ligamento iliofemoral), que es vital para caminar erguido. « Sahelanthropus tchadensis -asegura Williams- era esencialmente un simio bípedo que poseía un cerebro del tamaño de un chimpancé y probablemente pasaba una parte significativa de su tiempo entre los árboles. Pero a pesar de su apariencia, estaba adaptado a usar la postura bípeda». En su estudio, los investigadores adicionalmente compararon los huesos de Toumaï con los de especies vivas y fósiles, incluida la Australopithecus 'Lucy', un ancestro humano temprano hallado a principios de los años 70 y que vivió hace aproximadamente entre cuatro y dos millones de años. El análisis reveló tres características que apuntan directamente al bipedismo de Toumaï: además de la presencia del ya citado tubérculo femoral, también hallaron una torsión natural en el fémur, que ayuda a las patas a apuntar hacia adelante, facilitando la marcha. Y por último la presencia de glúteos similares a los de los primeros homininos que fueron capaces de mantener las caderas estables, lo que facilita el estar de pie, caminar o correr. Williams y su equipo hallaron también que Sahelanthropus tenía un fémur relativamente largo en relación con su cúbito, otra evidencia de bipedalismo. Los investigadores señalan que los simios tienen brazos largos y patas cortas, mientras que los homínidos tienen patas relativamente largas. Y aunque Sahelanthropus tenía patas mucho más cortas que los humanos modernos, eran más largas que las de los simios y se acercaban a las de Australopithecus en cuanto a longitud relativa del fémur, lo que sugiere otra adaptación al bipedalismo. «Nuestro análisis de estos fósiles -concluye Williams- ofrece evidencia directa de que Sahelanthropus tchadensis podía caminar sobre dos patas, lo cual demuestra que el bipedismo evolucionó temprano en nuestra línea y a partir de un ancestro que, sin embargo, se parecía más a los chimpancés y bonobos actuales«.