Neti Sudia, la catequista en el paraíso virgen de Honduras: "Usted me animó y yo pude cantar"

En el corazón de Centroamérica, en una de las últimas reservas vírgenes del continente, hay lugares a los que "casi nadie llega". Sin embargo, si alguien lo hace, es el catequista. Neti Sudia Daniel es una de esas personas. Desde hace 25 años, su vida es una misión en La Mosquitia hondureña, un paraje remoto al este de Honduras sin autopistas ni atajos. En una entrevista en el programa "La Tarde de COPE", ha compartido la realidad de su labor evangelizadora con los más pequeños, un testimonio de fe y perseverancia frente a enormes dificultades. La jornada de Neti, especialmente los sábados, comienza de una forma particular. Como madre y esposa, dedica las primeras horas a una de sus pasiones: la lectura. "Me gusta leer mucho los libros de cómo tratar con los niños", ha confesado. Tras atender sus responsabilidades domésticas y asegurarse de que su casa queda "bien arreglada", por la tarde se dirige a la iglesia para reunir a los niños y prepararlos para la catequesis. Es un ritual que repite semana tras semana, movida por una vocación que la ha acompañado durante más de dos décadas. Su trabajo se centra principalmente en los niños que se preparan para la primera comunión, cuyas edades oscilan "de los 9 hasta los 14 años". Sin embargo, la comunidad parroquial atiende a diferentes grupos. Los más pequeños, de 1 a 7 años, son conocidos como "los reinos de dios" y tienen una catequista dedicada exclusivamente a ellos. A partir de los 15, los jóvenes se integran en los grupos prejuveniles y juveniles, asegurando una formación continua en la fe para todos los rangos de edad en esta aislada región. Cuando mira atrás, Neti Sudia Daniel confirma que "sí he visto frutos". Su mayor "orgullo" es ver cómo muchos de aquellos niños a los que formó han crecido para convertirse en figuras activas de su comunidad. "Hay niños que han sido pastores, delegados, tenemos niñas que conmigo prepararon su primera comunión y han sido pastoras que llevan la palabra de dios", ha relatado. Estos resultados son la prueba de que el esfuerzo de cada sábado, durante 25 años, ha merecido la pena. Uno de los recuerdos más vivos que atesora es el de un muchacho que tenía un don para el canto, pero estaba paralizado por el miedo escénico. "La primera vez que yo le animé para que levantara a cantar un dúo con su hermana, el muchacho no quería. Se levantó a cantar, pero lloró enfrente de toda la gente, de los nervios", ha contado. Tras animarle a intentarlo de nuevo la semana siguiente, el joven venció sus miedos. Hoy, con 38 o 39 años, es un delegado de la palabra. Años después, ese mismo hombre le recordó el momento que lo cambió todo. "Cuando yo me levanté, me temblaba las rodillas, me temblaba todo, pero usted se acuerda que usted me animó y yo pude cantar", le dijo. Ahora es un líder en su comunidad. "Yo ahorita me levanto enfrente de mucha gente, yo puedo predicar, yo puedo cantar, yo puedo hacer todo", afirma con orgullo, una transformación que Neti considera uno de los mayores regalos de su labor como catequista. La labor de los catequistas en La Mosquitia está marcada por el aislamiento. Neti proviene de una comunidad "muy arrinconada, a donde no hay una ruta de transporte". La zona, fronteriza y afectada en el pasado por la violencia de grupos de narcotraficantes, se ha convertido en una "zona roja" sin transporte público. Por ello, los propios catequistas deben cubrir sus gastos para viajar a Puerto Lempira y asistir a los cursos de formación que duran hasta cinco días. En este camino no están solos. La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) ha sido un pilar fundamental. "Nos ha apoyado con dos proyectos", ha explicado Neti. En 2023, financiaron la reconstrucción de la casa de las Hermanas de la Caridad, que estaba muy deteriorada. Además, han aprobado la rehabilitación del centro parroquial de formación para 2024 y 2025, un lugar clave donde se imparten los cursos para catequistas, delegados y pastorales juveniles de toda la región. Uno de los obstáculos más significativos es el material didáctico. "A nosotros lo que nos dificulta bastante son los folletos, que nosotros, los folletos tenemos que comprar de la parroquia", ha explicado Neti. La parroquia los adquiere en San Pedro Sula y los transporta a La Mosquitia, donde los catequistas deben comprarlos para poder enseñar a los niños. A esta dificultad económica se suma la barrera del idioma. "Nosotros somos misquito, y cuesta pasar en nuestra lengua materna. Nuestros niños no pueden hablar en español ni pueden entenderlo", ha detallado Neti. Por ello, la parroquia busca personas que dominen tanto el español como el misquito para traducir los folletos, un esfuerzo indispensable para que el mensaje del Evangelio pueda llegar de manera efectiva a los más pequeños. La historia de Neti es un reflejo de la dedicación de cientos de catequistas que, con el apoyo de Ayuda a la Iglesia Necesitada, mantienen viva la fe en los rincones más olvidados del planeta. Su trabajo es la garantía de que, aunque no lleguen las carreteras, sí llegue la palabra de Dios. Para colaborar con esta misión, se puede obtener más información en la web ayudaalaiglesianecesitada.es o en el teléfono 91 725 92 12.