Un viaje que sigue

Mi amigo Bingen le llama Elo y Lander, eterno corresponsal de Elizondo y de por allí, preguntaba por la capital de Canadá cuando llamaba al periódico para pedir sitio para “una breve”. Sucedidos, brochecitos de cualquier día de trabajo, y de otro y de otro, y de una semana que llevaba a otra, y a los años por decenas, sin hacer bolo ni producir indigestión. Así es trabajar con ilusión, con ese motor gigante, un intangible nunca medido ni considerado ni computado por las empresas de información.