La Unión Europea se adentra en 2026 con una mezcla de fatiga acumulada y ambición declarada. Tras varios años encadenando crisis –sanitaria, energética, geopolítica, económica– el proyecto europeo llega a un momento decisivo en el que ya no basta con resistir ni con reaccionar a los acontecimientos. El próximo año será, sobre todo, un ejercicio de coherencia: entre los objetivos que se proclaman y las decisiones que se adoptan; entre la urgencia del día a día y la necesidad de una dirección estratégica clara. Pues, la agenda europea para 2026 es densa y exigente.