El año terminó despidiendo a la Venus cuyo mayor talento era la infelicidad, como decía su primer marido, Roger Vadim. Brigitte Bardot dejó el planeta tres días antes del último de 2025, y tras de sí no solo el recuerdo de su belleza irresistible que cimbró la década de los 1950 del siglo pasado. Y Dios creó a la mujer, dirigida por Vadim, fue la cinta que la convirtió en símbolo sexual a los 22 años, lanzándola al definitivo estrellato que le fue imposible conseguir con sus filmes anteriores.Temperamental, melancólica, enamoradiza, su personalidad era semejante a la de la fémina que gozaba destruyendo a los tipos que seducía en la penúltima película que filmó, también dirigida por Vadim, Si Don Juan fuese mujer (1973). De sus muchos amores, el que tuvo con Serge Gainsbourg también dejó un legado: la chanson “Bonnie and Clyde” que interpretaron juntos, y “Harley Davidson”, que Gainsbourg le escribió, aunque fueron cinco acetatos los que grabó en su faceta de cantante.Se le recuerda como activa defensora de los derechos de los animales desde la década de los 1970 pero también como una denodada enemiga de la inmigración y del islamismo en Francia, que le acarreó multas por incitar el odio racial. Seguidora del partido de ultraderecha Frente Nacional, fue tan ferviente que llegó a decir que Marine Le Pen era una Juana de Arco del siglo XXI cuando se presentó en las elecciones presidenciales de 2012 y 2017, y militó en contra de las vacunas durante la pandemia del covid. Sí, Brigitte Bardot fue una mujer sublime, carnalidad en estado puro. Satisfizo el deseo colectivo de contemplarla de cuerpo entero en las páginas de la revista Playboy, y aunque ya no era esa fogosa veinteañera llamada Juliette Hardy del filme de Vadim que la hizo célebre, aún inspiraba fantasías a sus cuatro décadas. Ah, las ilusiones. Sobre su rola “Chelsea Hotel #2”, Leonard Cohen contó que era Brigitte Bardot a quien buscaba en el elevador del mítico albergue de la calle 23 de Nueva York, y no a la chica con quien terminó en su habitación. Una joven no muy atractiva que digamos pero con cierta fama, alguien que prefería a los hombres guapos.La verdadera protagonista de la canción de Leonard Cohen era Janis Joplin, aunque él, testarudo, insistió en el cuento de que su auténtico objetivo de conquista era la francesa que otorgó una aparición fugaz en Masculino, femenino de Jean–Luc Godard, y tenía razón: Cohen escribió la balada del Chelsea a finales de la década de 1960, época en que B. B. estaba en la cúspide de sus encantos.Volviendo a Roger Vadim, en sus memorias Bardot, Deneuve, Fonda (sí, a pesar de no haber sido un galán y contrario a los proverbios o los avatares de la vida real, este individuo fue un genuino afortunado en el amor), comienza la remembranza de Brigitte con una escena como hecha para sus películas: “La diosa del amor no había sido vista emergiendo de las aguas desde que Botticelli pintara su Venus flotando sobre una concha de madreperla. Pero eso fue exactamente lo que presenciaron, el 12 de mayo de 1953 a las 11:30 de la mañana, dos mil marinos norteamericanos del portaviones Enterprise, que se hallaba anclado en la bahía de Cannes.“Primero se vieron dos trenzas flotando en la superficie; luego apareció una cara surcada por gotas de agua que relumbraban al sol como si fueran diamantes, una boca inocente y sensual, unos ojos almendrados y perfectos, una delicada nariz, unas mejillas redondas como las de un niño, hechas para el placer y la risa. Dos largas y aristocráticas manos se asieron a la borda de una motora y la aparición se izó hasta cubierta: un cuello delicado; una cintura tan fina que uno podría rodearla con las dos manos; un trasero redondo, provocativo y apetitoso que hubiera sido la envidia de Adonis y Afrodita; caderas de curva perfecta, muslos largos y sólidos, tobillos seductores y pies arqueados como los de una bailarina. El breve bikini, apenas una prenda de vestir, no ocultaba nada de su glorioso cuerpo rebosante de sensualidad”.B. B. partió a los 91 años. Y para ser honestos, vale recordar que en ella el tiempo demostró cómo la belleza acaba. AQ / MCB