Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, celebra su 70 cumpleaños en un refugio alpino

La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, se ha reunido con los suyos estos días en un refugio en los Alpes para celebrar su 70º cumpleaños. Al frente del emisor europeo desde hace seis años y una de las mujeres más poderosas del mundo, vive esta celebración como un adelanto de lo que será su vida a partir del próximo año. En octubre de 2027 termina su mandato en Frankfurt y pasará definitivamente a la jubilación , después de haber sido también presidenta del Fondo Monetario Internacional, ministra de Hacienda de Francia y la primera mujer en dirigir un bufete tan prestigioso como Baker & McKenzie. Esta gran dama de las finanzas está dispuesta a abandonar la primera línea, pero asegura que continuará en activo a otra escala porque sigue teniendo mucho que aportar. Christine Madeleine Odette nació en París, como hija de un profesor de inglés y una profesora de lenguas muertas que proporcionaron a sus hijos una educación católica. Fue la mayor de cuatro hermanos y formó parte del equipo nacional francés de natación sincronizada, una disciplina que, según ella misma reconoce, marcó su carácter, su capacidad de trabajo en equipo y su resistencia. «Sonreir a pesar del esfuerzo máximo», resume la actitud. Estuvo casada en con Wilfried Lagarde, del que conservó el apellido tras el divorcio y con el que tuvo dos hijos, Pierre-Henri (1986) y Thomas (1988), pero su pareja desde 2006 es el empresario Xavier Giocanti, de Marsella. Tiene familia en parís y amigos en Normandía. También le gusta regresar a Estados Unidos con frecuencia, donde estudió con una beca, y reconoce que siente un vínculo especial con el sur de Francia, especialmente con la región de la Provenza, donde la pareja pasa muchas de sus vacaciones. Pero para este señalado cumpleaños han preferido una zona de montaña y paisaje invernal que proporciona una mayor intimidad. Durante mucho tiempo, el día de su cumpleaños, Christine Lagarde recibía un ramo de flores del ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schäuble, una de las figuras más destacadas de la conservadora Unión Cristinaodemócrata (CDU) de Merkel y su declarado admirador. Entre ellos no hubo más que una colaboración profesional muy estrecha, casi de complicidad en el Ecofin y el Eurogrupo de principios de siglo. Juntos negociaron los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal, crearon el Mecanismo de Estabilidad Europeo (MEDE) e impusieron recortes y austeridad a lo largo y ancho de la UE. Durante una de aquellas reuniones, que se prolongaban hasta altas horas de la madrugada, un ministro europeo golpeó la mesa y gritó que el euro «no sobreviviría» si se aplicaban las medidas que recomendaba Lagarde. Ella, imperturbable, respondió: « el euro sobrevivirá, la pregunta es si ustedes sobrevivirán políticamente también» . La frase se filtró y se convirtió en leyenda. Schaüble alababa públicamente a Lagarde por su resolución, elegancia y buen hacer hasta su muerte, en 2023, año en que ya no pudo cumplir con la tradición del ramo de flores. Además de celebrar su cumpleaños, Lagarde ha encontrado tiempo estos días para practicar yoga, una rutina que la acompaña desde hace cuatro décadas y para la que encuentra más tiempo en vacaciones, y para dar paseos rodeada de naturaleza. Prácticamente el final del camino profesional, sonríe al escuchar las quinielas que surgen sobre posibles sucesores en la presidencia del Banco Central Europeo. Ella sabe mejor que nadie que se trata de una decisión que las grandes potencias europeas negocian bajo mesa y en la que sólo ceden a cambio de contraprestaciones políticas. Las negociaciones están todavía en fase inicial y ella se ha limitado que garantizar que «puedo asegurarles con total certeza que siempre he estado y estoy totalmente decidida a cumplir mi misión y a completar mi mandato» al frente del BCE. En los sucesivos y relevantes cargos que ha ido ocupando, Lagarde ha concedido siempre un lugar prioritario a las políticas de comunicación, convirtiendo a menudo la palabra en un arma a su favor. Todos en la Eurotower de Frankfurt recuerdan la primera reunión del Consejo de Gobierno a la que asistió y en la que pidió a los economistas del Banco Central Europeo que le explicaran un modelo de inflación en «lenguaje humano». Uno de ellos respondió con una ecuación de 12 líneas y Lagarde interrumpió su exposición con una frase que ha terminado convertida en toda una consigna para los funcionarios del emisor europeo: «Si no puedes explicárserlo a mi madre, no sirve para comunicar política monetaria» . Y otro de los recursos que la han ayudado a sobrellevar la tensión propia de sus responsabilidades, a la que ha dedicado también tiempo en estas vacaciones de cambio de año, es la ópera. Antes de discursos importantes, según ella misma reconoce, escucha sobre todo Puccini, que le ayuda a «marcar el ritmo emocional». En una ocasión, confesó que había preparado una intervención clave en el BCE escuchando La Bohéme. Ahora se prepara para afrontar un año de gran incertidumbre en el que la incertidumbre y los riesgos para el euro se mueven al alza. «Europa debe prepararse para un mundo que ha cambiado», dijo a finales de 2025. «el modelo económico europeo se basa en un mundo que ya ha desaparecido».