Volvió a entrar para coger el teléfono móvil y la chaqueta. Fue la última vez que alguien vio a Achille Osvaldo Giovanni Barosi , de 16 años, estudiante de un liceo milanés, en la madrugada del 1 de enero en Crans-Montana. Eran alrededor de la una y media cuando, según el relato de sus amigos, regresó unos segundos al interior del bar Le Constellation. Dentro ya había humo y fuego. Fuera, nadie podía imaginar que aquel gesto mínimo -recuperar el móvil- iba a convertirse en el símbolo de una tragedia que hoy mantiene a Italia entera conteniendo el aliento. La desesperación se multiplica en cada familia. Mientras los padres de Achille esperan noticias, Carla Massiello, madre de otro de los... Ver Más