Tengo un amigo que, allá por los años 80, estuvo a punto de meter a su suegra de concejala de un pequeño municipio de la Serra de Tramuntana. Verán cómo fue la cosa: mi amigo ejercía un cargo pequeño y mediano en un partidillo de nueva creación que, por cierto, expiraría por falta de votos al cabo de poco tiempo. El caso es que el líder del partido explicó a su cohorte –todos trabajaban gratis y, además, aportaban los gastos más elementales rascándose su propio bolsillo– que si no presentaban candidaturas en las elecciones municipales y autonómicas en un determinado número de municipios, pues que no saldrían en la tele en los espacios cedidos gratuitamente a los partidos.–Y eso, ¿cómo lo hacemos? Somos cuatro gatos...