Siempre me llamó la atención ese momento al que hacemos referencia cuando nos deseamos feliz Navidad. Manifestamos un deseo que se aplica a un momento elusivo, limitado a un instante efímero, fugaz, que tratamos como de la máxima importancia. Durante las semanas anteriores a las fiestas, nos deseamos lo mejor para ese instante futuro que va a llegar y que tendrá lugar en la noche del veinticuatro. Durante ese día nos deseamos pasarlo bien, en referencia a lo que va a ocurrir aproximadamente al anochecer. Pero el veinticinco ya decimos «espero que lo hayas pasado bien», haciendo alusión a algo que ya ha ocurrido. Pensándolo fríamente, es muy extraño que para nuestra sociedad sea tan importante pasar bien justamente ese brevísimo momento, mientras que el resto del tiempo es tratado como de trámite.