Por habitaciones

Dicen que aquí, en Palma, muchos propietarios de pisos arrendados están echando a sus inquilinos para volver a poner la vivienda en el mercado, pero esta vez en la modalidad de alquiler por habitaciones, mucho más rentable. Solamente conozco a una persona que hace eso y sus quebraderos de cabeza se han vuelto insoportables. Es lógico cuando lo único que ven tus ojos es la marca del dólar. Que un pisito corriente de tres habitaciones antes costara 700 euros y ahora le puedas sacar mil quinientos debe ser demasiado goloso para el que no ve más allá del dinero. Contar con un salario todos los meses sin pegar un palo al agua es algo que todos desearíamos, pero estoy convencida de que la mayoría valoramos aún más nuestra salud mental, nuestra conciencia y nuestra tranquilidad. No es a diario, pero sí semanalmente se publican en este mismo diario noticias que ocurren en esos pisos que comparten personas que no se conocen. Hasta puñaladas hay. La policía debe estar harta de acudir a un domicilio y a otro por las quejas de los vecinos, que ven cómo sus comunidades antes respetables se van transformando en focos de conflicto. No es raro. Juntar en noventa metros cuadrados a seis o más personas que se ven obligadas a compartir el cuarto de baño, la cocina, algunos gastos, la música de uno, los ruidos del otro, el que fuma, el que ensucia, los niños maleducados y hasta el perro que se mea por las esquinas no ha de ser fácil. Eso cuando no hay trapicheos de drogas, pequeños hurtos, insultos, tocamientos, amenazas y finalmente agresiones. En esto se nos está convirtiendo Mallorca, antaño paraíso de la calma y hoy una especie de Bronx plagado de gentuza que trata de salir adelante al límite.