La seguridad industrial es una asignatura pendiente en las empresas. En primer lugar, porque el sector de los instaladores es el primero en reconocer que la complejidad de convivir con 16 reglamentos no facilita las cosas, pero también, porque muchas veces se ignora que este campo es más amplio que la prevención de riesgos laborales. Cada instalación, cada aparato, que hay en un negocio, ya sea un comercio o un transformador de una fábrica tiene normas diferentes y procedimientos de mantenimiento distintos y sin una "policía" que vigile resulta complicado saber quién cumple o incumple.