Quien diga que durante las Navidades que ha vivido no ha escuchado un «como propósito de este año, me apunto al gimnasio», miente. Contabilizar el número de ocasiones en las que esas promesas de sobremesa de Nochevieja se han materializado en pantalones deportivos ya es otra historia, pero lo cierto es que en ese popular juramento los gimnasios encuentran su agosto particular, y el día de ayer fue una muestra más.